Dante la sujetó con fuerza, con la urgencia de un hombre que sabía exactamente lo que quería y no iba a detenerse hasta conseguirlo. Su aliento era caliente contra su piel, su mirada una promesa pecaminosa. —Aún no… —susurró, su boca rozando la suya sin besarla realmente—. Apenas estamos comenzando. Alex sintió su cuerpo arder con esas palabras, la anticipación retorciéndose dentro de ella como un deseo insaciable. Dante bajó lentamente, su lengua trazando un camino de fuego por su cuello, su clavícula, el valle entre sus senos… pero en vez de continuar descendiendo, sus dientes atraparon un pezón, mordiéndolo con la presión justa para hacerla gemir. —Papi… —jadeó, arqueando la espalda. Dante sonrió contra su piel, satisfecho. —Así me gusta. Su lengua calmó la mordida con caricias h

