La conversación en la mesa se vio interrumpida por una voz cansada pero llena de sarcasmo. —Más bien el infierno… y yo estoy durmiendo con Satanás. Todos giraron la cabeza hacia las escaleras. Alex bajaba lentamente, con el cabello alborotado y la camisa de Dante cubriéndole el cuerpo, pero su expresión era la de alguien que no había dormido en absoluto. Dante la miró con detenimiento, repasándola de pies a cabeza. Debería estar agotada. Después de lo de anoche, cualquier otra mujer seguiría en la cama, temblando y sin fuerzas para moverse. Pero no su Ángel. Su resistencia solo significaba una cosa. Tal vez deba subirle un poco más la intensidad. Alex sintió su mirada devorándola y le dedicó una sonrisa pícara antes de girarse hacia Dereck y Carlos. —Hola, hermanos. ¿Qué hacen aqu

