El aire frío de la noche golpeó su piel como un balde de agua helada, pero no tenía tiempo de detenerse. Sus pasos resonaron contra el pavimento mientras corría por el callejón, su respiración entrecortada por la adrenalina. La ciudad seguía viva a su alrededor, con autos pasando a toda velocidad en la calle principal, pero el callejón tras la discoteca era un mundo aparte: oscuro, sucio, claustrofóbico. Alex giró la cabeza apenas un segundo y su estómago se revolvió al ver la puerta trasera abrirse de golpe. Uno de los guardias de Dante apareció en el umbral, su mirada buscándola con urgencia. Mierda. Forzó sus piernas a moverse más rápido, zigzagueando entre bolsas de basura apiladas y charcos que no quería analizar demasiado. Su única oportunidad era salir a la avenida, perderse ent

