Lane no cesó de buscar a manera de hablar con ella. Estuvo a punto de buscarla en la casa, de atravesarse en la carretera y gritarle que se parase, y de ir a su trabajo. Pensó mucho, que cuando supo lo que haría, nadie lo detuvo. Lane esperó casi dos semanas para buscarla, y cuando la observó como un acosador con binoculares y todo, y esperó hasta que estuviera sola en el salón, le dijo a la mujer en la puerta que necesitaba hablar con una de las maestras, e hizo esa estúpida sonrisa irresistible y pudo pasar. Lane recorrió los pasillos y subió hasta el segundo piso donde estaba Verity recogiendo sus cosas para irse a la casa. —Verity —dijo cerrando la puerta. Ella se exaltó y miró a Lane en la puerta. —Dios mío, Lane —dijo tocándose el pecho—. ¿Qué haces aquí? —Necesito hablar contig

