Lane deambuló de un lado al otro en la casa de su abuela. Tenía los nudillos rotos, la boca sangrante y la cabeza tan caliente como sus músculos. No había una parte de él que no estuviera enojado consigo mismo por lo que hizo. No estaba arrepentido. El arrepentimiento aun no llegaba a él. Estaba enojado porque no había conseguido lo que quería. Quería que la persona que deseó por más de veinte años, estuviera con él. Eso era lo que quería. No quería que estuviese con Marcell ni con cualquier otro. La quería a su lado en un intento egoísta porque era la única persona que lo hacía sentir bien. Era la única persona que lo consolaba cuando más lo necesitaba, y cuando se apretó la cabeza y gritó, sintió que su mundo se caía a pedazos. No quedaba nada de lo que atesoró por demasiado tiempo, y cu

