De nuevo le asestó uno de esos golpes contundentes, y Lane retrocedió cuando Marcell apenas gimió por el golpe. La conmoción de todos los presentes hizo que gran parte de los que estaban alrededor, buscaran la manera de sacar sus teléfonos para grabar. Una primicia como esa costaba muchos billetes de cien. —¡Señor! —gritaron sus escoltas cuando casi se cayó. Marcell podía sentir la sangre en sus dientes, y elevó la mano de nuevo. No era masoquista. No lo hacía porque tenía la sangre fría, sino porque no era el lugar para hacer semejante show innecesario. Había perdido la cabeza, y si dejaba que sus hombres se lo llevasen, mínimo tendría que reconstruirse los dientes. —¡Alto! —gritó Marcell cuando quisieron sujetarlo. Marcell sacó su pañuelo de seda y se limpió los bordes de la boca.

