—Es hora de arrojar el ramo —dijo Silver cuando miró a las jóvenes y no tan jóvenes levantarse de sus sillas—. ¿Listas? Adele le dijo a Magnus que se quedara sentado en la mesa, mientras ella se levantaba. No miró que uno de los invitados iba con dos copas en la mano. Fue un roce simple, casi inofensivo, de no ser porque el vino blanco que llevaba cayó sobre el vestido azul oscuro de Adele. Ella soltó un suspiro cuando sintió el líquido frío sobre su pecho y que marcó el borde de su corpiño sobre la tela. —Lo siento mucho —dijo el hombre—. Lo siento. Ella despegó la tela mojada de su pecho y alzó una ceja. —Desde que mi hijo estaba niño nadie me ensuciaba. Él dejó la copa vacía en la mesa y alzó las manos. Pensó en tocarla, pero estaba en una boda y quizá llamarían a la policía. —

