—¡Lane! —gritó Verity tocando su puerta—. ¡Lane! Verity estaba desesperada por encontrarlo. Había llamado a su celular tantas veces que ya no le entraban los correos de voz, y fue a su casa para hablar con él. Todo su universo había cambiado, y necesitaba decirle tantas cosas, que llamó desesperada a su puerta. —¿A quién busca? —preguntó una vecina. Verity giró para verla. —Al hombre que vive aquí. Ella se cubrió los ojos con la mano para evitar el sol de la tarde. —No esta —dijo alto para que escuchara—. Se fue. No, ¡no! —¿A dónde? —A Estados Unidos —dijo la mujer. Verity subió de vuelta en el taxi y le pidió que la llevara al aeropuerto más cercano. Olvidó que necesitaba el pasaporte, así que fue a casa, lo buscó, así como dinero, y fu al aeropuerto. Su corazón bombeaba con

