Después de ese beso, Verity no podía ignorar lo que sentía. Estaba perdiendo la cabeza por Lane. Era de nuevo la Verity que haría eso y más por él. Era la Verity que luchaba contra quien fuese por él, para defenderlo y defender sus sentimientos. Por mucho tiempo quiso ser la persona perfecta para Marcell, pero ya no lo era más. No era la mujer del presidente, ni lo sería más. —Quiero el divorcio. Marcell estaba en la otra punta de la mesa esa noche, cuando ella, por fin, tomó el valor de decir lo que pensaba y quería. —¿Divorcio? —indagó—. Pensé que lo estábamos solucionando. —No hay nada que solucionar —ratificó—. Yo no te quiero, no quiero la vida que me ofreces. No quiero nada de ti. Marcell soltó los cubiertos. No solo le estaba pidiendo el divorcio, sino que él conocía la razón

