La mañana del aniversario de un matrimonio que ninguno de los dos pensó que llegaría tan lejos, comenzó con un desayuno especial para la embarazada que estaba a punto de explotar. Fue la mañana perfecta, cuando Maddie se subió a la cama y preguntó si las sillas, las flores y todo lo que estaba en el jardín era por ella. Verity le dijo que era por ellos, porque llevaban ocho años casados, y Maddie preguntó si la fiesta acabaría igual que la suya. Esa era una herida que continuaba abierta y sangrante, y aunque la psicóloga que la trataba la ayudaba a mitigarlo, Maddie no dejaba de pensar que todos los cumpleaños debían acabar de la misma manera. Verity y Marcell fueron comprensivos y le aseguraron que no sucedería nada malo, que se tranquilizara, que sería una celebración poco menos de tres

