Tres semanas tardó para finalmente llegar a la caminadora. Tres semanas en las que pasó por distintos tipos de tratamientos, de ejercicios, de control de dolor y de quejidos por tensar esa carne que intentaba regresar a su lugar. Tres semanas de tenderse en el piso sobre una alfombrilla mientras su fisiatra empujaba sus piernas adelante y atrás, doblaba cuidadosamente su cadera, lo sentaba e intentaba que se arrodillara. El dolor que Lane sentía, era tanto, que sudaba frío cuando los ejercicios terminaban. No se duchaba y apenas subía a la silla de ruedas, pero todo lo que hacía era por su hija, por volver a verla. Maddie fue el motor de Lane, sin embargo, el dolor no era algo que pudiera controlar. El dolor lo estaba mermando, y para cuando ella le pidió que se sujetara de los bordes de l

