Un mes después La algarabía durante la primera semana del mes, terminó cuando en las enormes pantallas dentro del complejo del gobierno, posicionaron a Marcell como presidente con el ochenta porciento de los votos. Los aplausos, la emoción, el vitoreo y la electricidad que recorría sus cuerpos, llegaron hasta un Marcell que no hizo más que suspirar cuando ganó. Veinte años rogándole al cielo ser presidente para complacer a su padre, acabaron esa noche cuando anunciaron su victoria. Debería estar chispeante, excitado, con las emociones a flor de piel, pero en su lugar miró su nombre en el enorme círculo azul y sintió que sus pies levitaban del suelo. Primero que nada, nunca quiso la presidencia por ambición propia, y segundo, no era esa la forma en la que pensó que celebraría ese momento

