CAPÍTULO 6

1969 Words
Pablo Ornelas nunca se arrepentía de las decisiones que tomaba y menos si eran para su propio beneficio pero en esta ocasión estaba por colapsar, había pasado cerca de tres horas en la parte trasera de una Jeep que sonaba más que una matraca. La conductora amiga de Julia no parecía tener trato alguno de que estuviera una persona a bordo del vehículo a parte de ella, no solo tenía sus piernas entumecidas por ir semiencogido ya que no había forma de moverse por las bolsas llenas de a saber que. Bajó del vehículo como alma que lleva el diablo cuando la chica de pelo verde le indico que habían llegado. Más valia que todo el esfuerzo que estaba haciendo valiera la pena el sexo con Julia. — ¡Pablo!. El joven giró hacia la susodicha que se acerba feliz en compañía de dos niños que no parecían querer despegarse. — Perdoname, de regreso te irás conmigo, prometo llevarte directo a tu casa. — Eso no lo compensa, pero tomaré tu oferta — dijo acomodándose la mochila. Julia suspiró con una sonrisa. — ¿Qué cargas ahí?. — Cosas. La castaña levantó una ceja pero decidió no meterse más, tomó a los niños de la mano indicando a Pablo que la siguiera. — Ella es Yuma — habló de nueva cuenta Julia señalando a la niña más pequeña que se aferraba a la mano de la castaña — Y el es Nahuel. El niño que parecía de unos cinco años miró con interés a Pablo antes de señalar su mochila. Pablo no entendía las señas que le indicaba el niño, así que optó por ignorarlo. — Nahuel quiere saber si traes algo para ellos en la mochila. — ¿Porque traería algo para él?. Julia se quedó sin palabras, sonrió a los niños agachándose a su altura les dijo algunas palabras en su idioma que el empresario no logró comprender para después irse corriendo. — Pablo — comenzó a hablar Julia al hombre que parecía cada vez más no querer estar en ese lugar — Se que quizá no era lo que esperabas, hay mucho en qué ayudar por eso te dije que necesitaba manos extras. — ¿Por qué no contratan albañiles?. — El dinero que recolectamos se utiliza en otra cosa, traer vestimenta, educación eso cuesta y si algo lo podemos hacer nosotros lo hacemos. Pablo miró a su alrededor, en aquel lugar las casas parecían caerse con el solo soplo del viento; había gente haciendo manualidades que seguramente después irían a vender; los niños que pasaban corriendo la mayoría estaban descalzos, había gente con enormes cántaros pasando de un lado a otro mientras que la gente que Julia había traído se encargaba de bajar el material. — Es una de las comunidades con más falta de recursos, necesitan muchas cosas en especial gente que los trate como personas. El joven pelinegro volvió su vista a Julia. — Te daré manos para que esto esté listo en una semana, pero tienes que llevarme de vuelta a la ciudad. Julia lo miró perpleja. — ¿Cómo dices?. — Aquí no tengo señal, si no es en la ciudad entonces dónde podré hacer una llamada. — Bueno, no es necesario ir a la ciudad, sígueme. La castaña guió al pelinegro hasta una zona alta, caminaron durante quince minutos antes de que el teléfono del hombre comenzara a sonar. — Vaya, eres muy solicitado. — Es mi tía, viene a la ciudad — dijo sin importancia antes de enlazar la llamada con su asistente. Julia lo miró conflictuada, Pablo decía ser un simple agente de bienes raíces pero sus acciones, modales y forma de ser no coinciden, parecía alguien completamente diferente como por ejemplo ahora hablaba en voz baja con alguien, supuestamente conseguiría la gente necesaria para terminar las casas en una semana. Fingió la sonrisa cuando Pablo terminó la llamada. — Listo. — ¿Le has pedido ayuda a tu amigo?. Pablo parecía confundido pero recordó su mentira por lo que asintió rápidamente. — Así es, mandara gente. — Pues si eso es verdad deberíamos invitarlo a cenar como agradecimiento, además que tiene que venir a la comunidad. — No le gusta mucho salir, pero veré que puedo hacer. — Entonces dale las gracias. Pablo asintió siguiendo a Julia de regreso, en cuanto llegaron el primero en acercarse fue Joaquin que no parecía contento de ver que los dos regresaban solos desde el cerro. — ¿Por qué se alejaron?. — Pablo necesitaba hacer una llamada. — ¿Han tardado tanto por eso?. — No seas exagerado Joaquin — dijo Julia frunciendo el ceño — Además la llamada fue para traer ayuda, Pablo ha dicho que terminaremos las casas en una semana ¿sabes lo que significa? que este año no pasarán frío, podrán tener un verdadero hogar para cuando el invierno entre de frente. Joaquin miro a Pablo con interés. — Eso es estupendo gracias, lamento el show es solo que nunca se sabe que hay por esta zona. — Llegaran en unas tres horas. — Gracias — repitió nuevamente el castaño antes de girarse hacia Julia que aun lucia molesta — Perdon amor, no se que me pasa últimamente. — Está bien, no pasa nada. Joaquin sonrió antes de poseer los labios de la castaña que pareció sorprendida por la acción de su novio, aún así le correspondió después de unos segundos hasta que los dos se separaron por falta de oxígeno. — ¿Te quedarás en mi casa de nuevo esta noche?. Julia carraspeó al sentir la intensa mirada que Pablo les dedicaba, el hombre parecía estar sin ninguna expresión solo esperando a que los dos terminaran sus asuntos. — Si, me quedaré. La tarde caía cuando Pablo miró su reloj estaba seguro de que Erick había conseguido a la gente por lo que estaba consciente que ya no tardaron en llegar los trabajadores, se había pasado gran parte de las últimas horas viendo como Julia les enseñaba a los niños su idioma, la castaña tenía mucha paciencia además que se había encargado de aprender gran parte del dialecto para poderse comunicar con los niños. El pelinegro también se había dado cuenta que los adultos se juntaban cerca para tratar de comprender lo que les enseñaba, todos escuchaban a la castaña y el joven empresario no sabía cómo es que alguien que poseía el estatus de Julia con un padre político y una madre dueña de una de las cadenas de ropa más grandes del país, fuera tan humanitaria, a ella no le importaba si se ensuciaba o si estaba demasiado cansada para ayudar tenia una sonrisa siempre para aquella gente. Pablo cambió de posición cuando vio a Joaquin pasar con una carretilla llena de tierra, otra de las cosas que noto desde que habían llegado era que el novio de Julia no había parado de acarrear material, además en algún tiempo libre se había detenido a jugar con los niños. Él no era tonto, Pablo sabia que tenia que cambiar su actitud si queria que Julia tuviera algun interes en él, estaba perdidamente enamorada del imbecil de Joaquin y si no lograba que cayera en sus redes por el metodo tradicional tendria que pensar en otra cosa. El claxon de varios coches se escuchó cuando tres vehículos todo terreno entraron a la comunidad, todos miraron sorprendidos como de ellos bajaban varias personas con sus herramientas para trabajar, en el último coche un hombre que portaba un casco, vestido de manera diferente dirigió su mirada a todos antes de hablar. — ¿El señor Pablo?. El pelinegro sonrió acercándose. — Jef… — No — interrumpió Pablo a sabiendas de lo que el hombre diría — En estos momentos solo soy Pablo. El hombre lo miró confuso pero asintió, no quería meterse en problemas con el Jefe su asistente le había llamado de manera apresurada, era una urgencia que llegaran a aquel lugar. Y que bajo ningún motivo dijera el apellido del Jefe. — Muy bien señor Pablo, dígame por dónde empezamos. — Sígueme. Pablo se dirigió hasta donde Julia se encontraba, esta lo miraba sorprendida intercalando la mirada entre ellos y el enorme grupo de hombres que estaban detrás esperando instrucciones. — Ella es Julia Valtierra les explicara que es lo que hay que hacer, solo la obedecen a ella ¿entendido?. — Sí señor. El pelinegro le dirigió una sonrisa a Julia que trataba de mantener una buena postura. — Julia, él es el arquitecto Valdez se encargará de la remodelación y dirigir la obra de construcción para que las casas queden firmes, y no suceda lo que ha ocurrido hasta el momento. — Oh vaya, hola — dijo sonriente la castaña a lo que el arquitecto Valdés sonrió complacido tomando la mano que le ofrecía. — Mucho gusto señorita, yo me encargo de que esta gente tenga un techo firme para la siguiente semana. — Eso sería estupendo, hay muchas casas que están bajo un terreno inconsistente estoy segura que no durarán mucho de pie, además hay gente que quiere seguir manteniendo sus mismas paredes porque han sido construidas por ellos entonces pretendemos solo reforzar. — No se preocupe señorita Valtierra, deje todo en mis manos usted puede venir a ver la obra cuando desee pero le aseguro que terminará complacida al final de semana. — Gracias. Pablo sonrió de manera inconsciente al ver a la castaña tan feliz, la vio caminar en compañía de Valdez para mostrarle las casas, se le veía animada con la llegada de la gente. El pelinegro los estaba por seguir cuando sintió un jalón en el pantalón miró hacia abajo con el ceño fruncido, reconoció a la niña como la que Julia le había presentado como Yuma, estaba por apartarla cuando recordó el enorme esfuerzo que tenía que hacer. Así que hizo lo que en algún momento sería impensable para él, tomó a la pequeña Yuma en brazos antes de dirigirse hacia donde Julia estaba. — Pa. — ¿Cómo dices? — preguntó el moreno mirando a la niña con el ceño fruncido. — Pa. — No se donde esta tu padre. — Ella no busca a su padre, dice tu nombre. Pablo se giró hacia un niño de unos trece años que lo miraba con el ceño fruncido. — Bueno gracias, pareces hablar muy bien nuestro idioma. — Julia ha venido durante mucho tiempo, al igual que Joaquin. — Qué bien ¿cómo te llamas?. — Iznar. — ¿Te cae bien Joaquin, no es así Iznar?. El niño asintió. — Bien, a mi también, es un buen tipo. El niño lo miró con sorpresa y Pablo sonrió para sí. — He venido a ayudar, Joaquin y Julia ahora están más ocupados que antes, seguramente lo has notado que ya no vienen tan seguido ¿no?. Pablo sonrió al ver que el niño se había quedado en silencio. — Soy amigo y solo hago esto para que ellos no se cansen ¿estás bien con ello?. Iznar asintió sonriendo, el hombre se había comportado de manera extraña todo el tiempo desde que llegaron pero ahora que le hablaba podía confiar en él, además Iznar sabía que el hombre tenía razón porque después de todo le estaba ayudando. Pablo vio cómo el niño llamado Iznar se alejaba feliz, sonrió para sí, sabía que en cualquier momento el niño hablaría con Julia o Joaquin y lo que les dijera solo le beneficiaria, ganaría aún más la confianza de los dos y en cuando menos se lo esperaran el atacaría, tenía que ir a paso de tortuga y lograr su cometido antes de que su aniversario llegará, de alguna forma no permitiría que Julia se casará con Joaquin o por lo menos no mientras él no lograra hacerla suya.
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