Elliot era consciente de que se acercaba otro orgasmo explosivo. Su cuerpo luchaba contra él allí abajo; era como si hubiera enganchado a un poderoso pez de caza que intentaba desalojar el anzuelo. Su pelvis se sacudía y giraba enloquecida, pero no podía hacer gran cosa debido a la posición. Fue entonces cuando Elliot decidió contener su propio clímax y ver cuánto podía hacer por ella. Apretó los músculos de su esfínter y empezó a penetrarla con una furia endemoniada. Sus calientes conductos gritaban pidiendo más, y los músculos interiores de su v****a se aferraron a su pene como los tentáculos de un pulpo hambriento. Su culo se cerraba y se abría como si quisiera morderle y atrapar sus pelotas, que golpeaban sus nalgas respingonas en un incesante tamborileo de lujuria. Olivia movía la c

