—Ahhhhhhh—, canturreaba ella, moviendo su cuerpo adelante y atrás, sintiendo el escroto hinchado de semen balanceándose y provocándole contra sus muslos. Bajó la mano hacia los testículos y los acarició, mientras exhibía salvajemente la pelvis deslizando el coño arriba y abajo sobre la palpitante vara de carne masculina endurecida hundida tan profundamente en su interior. Todo sucedió increíblemente rápido. —Ahhh Ahhhhhhhh ¡AH me corro... Me corro... Oh, Dios, me corro—, gritó. Y entonces se puso realmente frenética con su pelvis golpeando tan fuerte contra los huesos de la cadera de Benson que parecía seguro que algo estaba a punto de romperse. Los ojos de Elliot se abrieron de par en par, completamente sorprendido. Dios mío, había llegado al orgasmo en menos de veinte segundos desde que

