— Jeremías — escuchó el morocho gritar a Javier al otro lado del teléfono —. Necesito que vayas por Camila hasta un restaurante, ya te mando la dirección. — ¿Javier? ¿Qué sucede? — El hombre estaba en su casa y aquella llamada le resultaba de lo más perturbadora. — Mira, no sé muy bien… ¡Abril quédate quieta ya! — escuchaba como regañaba a la mujer. — Jeremías, Javier me secuestra — Esa era la voz de Abril que gritaba entre risas. — ¡Ya basta mujer! Como te decía, ve por Camila por favor. — Sí, ¿pero qué sucede? — No sabemos muy bien, Manuel está con Mar, es algo que se les ha ocurrido a ellas, no sé… por favor busca a mi hermana ¡Basta Abril no te voy a bajar! — Okey, voy. — Gracias, ahora te mando la dirección — Y la llamada se cortó. Jeremías llamó a la única persona que podía

