El domingo al mediodía le daba el tiempo perfecto para poder cocinar tranquila y disfrutar de algo de calma. Juan había sido una excelente decisión ya que la ayudó a liberar un montón de tiempo que antes la mantenía ocupada con tareas sencillas pero lentas de hacer. Sobre la barra de la cocina se dispuso a preparar una masa que luego se convertiría en una deliciosa pizza. La harina estaba dispersa por la superficie y sus manos apretaban la blanda mezcla blanca mientras algo de música de fondo animaba la tarea. Hacía mucho que necesitaba un momento a solas y en paz, por eso disfrutaba tanto el espacio que había obtenido en su agenda para dedicarse unos instantes a mimarse. El teléfono sonó mostrando un mensaje que la hizo sonreír involuntariamente. “Asique Juan se quedó con el puesto”. E

