La mujer del señor Carter

2615 Words
Llegué a la universidad temprano, caminé sola hasta mi salón de clases para encontrarme con el rostro del señor Carter. Caminé hacia atrás en un intento por escapar de él y no tener que verlo, no quería ver sus ojos, no quería tener contacto con él. Entré al baño y me resguardé allí, chicas entraban y salían, me miraban extrañas cuando me veían sentada en una silla con mi bolso en mis piernas; hasta que fue la hora de ir a clases. Cuando llegó el momento de salir del baño, asomé mi rostro por la puerta de los baños mirando en dirección de mi aula, como no lo vi, salí de allí y su risa no se hizo esperar. —Quiero creer que no estás huyendo de mí, Mia o ¿acaso sí lo estás haciendo? —No huyó, tenía que ir al baño —me giré para caminar hacia el salón de clases, no obstante, me devolví para mirarlo fijo a los ojos y afirmarle que no sentía nada al verlo en mi universidad —además tampoco es como que me afecte verlo aquí, ¿a qué se debe su visita? —Vengo por una asistente. Realmente el señor Carter no tenía que hacer mucho trabajo para caerme mal, con el mínimo esfuerzo lo hacía. —Bien, suerte con eso, la va a necesitar. Lo dejé atrás y me adentré en mi salón de clases, salí cuatro horas después de mis clases y el hombre seguía allí cerca de mí auto. "¿acaso se divertía haciéndome enojar?" Me acerqué con mala gana a mi auto y habló esta vez él mirándome directamente a mis ojos. —¿Por qué crees que necesito suerte en encontrar una asistente? —Es fácil señor Carter, con sus cambios de humor y despidiendo a las personas sin justificación, no creo que dure mucho con un o una asistente. —Todo tiene una explicación, ¿no crees Mia? —Eso mismo digo yo, pero ¿aceptaste una explicación de mi parte?, no lo hizo señor Carter, simplemente me echó de la empresa, ¿tuvo justificación lo que hizo?, yo diría que no. Lo vi hacer una mueca y soltar una risa, "¿por qué era gracioso para él verme así?" simplemente no le veía sentido. —Bien Ma, has acertado, ¿quieres escuchar mi explicación? —Temo que en este momento no podrá ser señor Carter, tal vez otro día. Abrí mi auto y subí en él, todo ante su vista, le hice adiós con mi mano y me fui del lugar. Por supuesto que tenía tiempo y de sobra, pero no quería hablar con él, simplemente no se me daba mi regalada gana; él debía aprender la lección que nada justificaba el trato que me dio. —¿Por qué siento que viste a tu peor enemigo? —Tal vez porque el señor Carter llegó a la universidad, mamá, hasta se atrevió a decirme que andaba en busca de una asistente ¿puedes creerlo? es todo un experto en cómo caerle mal a las personas, es que simplemente no lo soporto mamá, te lo juro, me cae mal. —Bueno hija, algún motivo tuvo para enojarse así, ¿te lo dijo? —No mamá, no lo dejé, simplemente le dije que tal vez otro día podríamos hablar del tema, hoy no, no quiero hablar con él, estoy cabreada con él. —Mia, lo has tomado muy a pecho la situación con el señor Carter, ¿te dio una carta de despido o algún documento. —Eso es no, pero mamá —dije tirando la mochila en el sofá y caminando hacia la cocina por una manzana —no me ha despedido, solo dijo, Mia vete a casa —hice una voz tratando de imitarlo —eso fue todo mamá, no dijo más nada, ¿comprendes mi enojo? —Entonces habla con el Mia, que te dé una explicación y una respuesta, estás o no despedida, es lo mejor que puedes hacer. —Está bien mamá, en los próximos días, si lo vuelvo a ver le diré, aunque debo decirte que espero que pase al menos dos semanas porque ahorita si lo veo no sé qué vaya a decirle que no hiera sus sentimientos. —Basta Ma, deja esa actitud de lado. Era viernes, lo que significaba un fin de semana sin ver a Brian Carter y su cara bipolar, hasta que llegara lunes y con suerte tampoco lo vería rondar por la universidad. —Mañana iremos a visitar a los abuelos, apúrate a lavarte las manos para cenar, alista una maleta y duérmete temprano, ¿entendido? —Sí mamá, lo comprendo bien. Tomé la mochila y subí a mi habitación, hice una maleta pequeña, lavé mis manos y bajé a cenar, regresé a mi habitación a descansar para el viaje y dejar mi mente en blanco por unas horas. —Que grande estás hija. Fue lo primero que dijo mi abuela al verme, yo me veía igual que siempre, nada había cambiado excepto mi vestir. —Gracias abuela, ¿cómo has estado? cuéntame. —Bien, enferma de un oído, pero ya sabes, lo normal de estas edades. —¡Ay abuela! ¿ya fuiste al médico? —Sí ya fui, ahí tengo los medicamentos. Señaló un taburete de la cocina con sus medicamentos. Caminé en busca de mi abuelo, quería abrazarlo, tenía algunas semanas de no verlo y ya me hacía mucha falta. —¿Qué haces abuelo? —Estoy tratando de arreglar este radio —dijo con voz ronca —pero parece que ya se ha descompuso de una vez por todas, irá directamente al basurero. —Por lo visto abuelo, creo que tienes razón, lo bueno es que en casa hay uno que no usamos y está nuevo, te lo traeré un día de estos ¿te parece? —Me parece bien, así ahorro para comprarle el regalo a tu abuela, se aproxima su cumpleaños número sesenta y siete. —Es cierto abuelo, quedan menos de dos meses para su cumpleaños, hay que celebrarlo como todos los años. Así pasamos la tarde, hablando de todo lo que nos venía a la cabeza. Nos reunimos en la mesa para almorzar y la noche para cenar, antes de dormir abuela nos hizo una avena caliente que nos mandó a la cama. —Buenas noches. Se despidieron de nosotras los abuelos antes de irse a su habitación. —¡Qué hermosa estás Mia! Preciosa, divina, no tengo palabras para decirte lo hermosa que estás, me has dejado anonadado, luces exquisitas. Decía el señor Carter. —Usted también señor Carter, luce espectacular, se ve hermoso el día de hoy, bastante hermoso. Para mi desgracia y solo para mi desgracia tuve que soñar con el hombre que me traía con un estrés de nunca acabar. Me levanté de muy mal humor, un humor que no recuerdo haber tenido jamás. Me senté en una silla mecedora, con mi ceño fruncido y sin hablarle a nadie. "¿tenías que arruinar mi sueño?" "¿tenías que atormentarme incluso en mi hora de dormir?" "¿no podías esperarte a verme la próxima vez?" —me decía en mis adentros con enojo, estaba furiosa por haber soñado con él y de la manera tan ridícula en lo que lo había hecho. "Jamás podría fijarme en un hombre cómo él, jamás, jamás, jamás'' Estaba tan segura de eso que incluso lo veía como mi realidad, nunca podría fijarme en un señor con una actitud tan cambiante. —¿Estás bien Mia? —No madre no lo estoy y, además estoy esperando a ver al señor Carter y exigirle que me deje tranquila, no es justo que hasta en mis sueños se aparezca, estoy enojada, muy enojada. —Hijita, dicen que cuando una más se enoja es cuando más se enamora, ¿no te estará pasando eso? Miré de reojo a mi abuela, eso era un chiste muy mal gusto. Mamá se reía de mi cara de pocos amigos y yo seguía pensando en que ambas estaban locas por pensar eso. "¿Brian Carter y yo?, eso sí que no, jamás. —Mira abuela, el señor Carter es tan déspota, que yo sería una de esas para un jueguito de una noche; con suerte dos, ¿comprendes?, y yo no soy jueguito de nadie y mucho menos suyo, espero que haya quedado claro. —Está bien Mia, me retracto de mis palabras, solo digo que no le prestes atención a esas cosas. —Tienes que conocerlo para que veas porque es que no siento agrado hacia él, es que simplemente no se me da muy bien congeniar con él abuela. Me quedé sola un rato más hasta que mamá me hizo entrar para desayunar, y aun así, nada me hacía recuperar mi buen estado de ánimo, simplemente se había esfumado y Carter estaba disfrutando de él, algo me decía en mi interior que él se estaba gozando de mi desgracia. Nos despedimos de los abuelos y nos fuimos a casa, mi humor seguía siendo exactamente el mismo y mamá se dedicó a mirar hacia el frente e ignorarme durante el camino hasta que llegamos a casa, cosa que agradecí mucho. —¿Qué está pasando con ese señor Carter Mia?, tu actitud es muy extraña. —Pasa que es un ser el cual no soporto, eso pasa mamá, me cae mal, me cae mal tener que recordarlo y ahora soñarlo, no me cae que me haya despedido sin darme una razón. —No es normal que estés molesta. —¿Normal mamá?, sabes que cuando un ser no me gusta, simplemente no me gusta y se acabó, es exactamente lo mismo con Brian Carter. —Ve a descansar Mia, ya es tarde. Subí a mi recámara y me tiré en la cama. "¿Por qué odiaba tanto al señor Carter?" luego recordé su forma de correrme de su oficina y las burlas que recibí de mis competencias, y lo odié aun más de lo que ya lo hacía. "Está loco, en serio está loco" —me afirmaba. Esa noche no volví a soñar con él, posiblemente se compadeció de mí y me permitió dormir con tranquilidad, ya me había torturado mucho cómo para seguir desestabilizando mis estados de ánimo. —Ya me voy mamá. El lunes por la mañana salí a hacer algunas diligencias antes de ir a la universidad, estando allí en medio de la tienda una llamada entró a mi celular, era un número extraño, así que lo dejé pasar, volvió a sonar y era el mismo número de teléfono —¿Sí? Respondí. —¿Te has dado cuenta de lo difícil que es tratar de comunicarse contigo? ¿acaso nunca revisas tus correos?, he estado intentando buscarte por días. —¿Señor Carter? Pregunté asustada. —¿Por qué tan sorprendida? ¿no esperabas mi llamada? —Bueno, me llama de un número extraño, ¿eso es una respuesta para usted? —Es verdad, cambié de número de teléfono, este será de ahora en adelante mi celular personal. —Oh, bien, ¿qué puedo hacer por usted? —Verá, necesito que regrese a su puesto, necesito que sigas trabajando para mí. Comencé a reírme de él, ¿yo? ¿regresar? no gracias, no era algo que sucedería. —Señor Carter, lo siento mucho, pero me ha despedido injustamente, ¿cómo sabré yo que no lo volverá a hacer?, no quiero ser otra vez la chica que el jefe despide porque se le vino en gana. —Fácil, simplemente no puedo despedirla, aunque así lo desee. —¡Ahhh!, entonces afirma que, si quiso despedirme, ¿verdad? —No, no he dicho eso, no pongas palabras en mí que no he dicho. —Pero eso se dio a entender. Suspiró y escuché una silla correrse. —No quiero despedirla, esa es la verdad, tampoco quise despedirla, de hecho, solo le pedí que se fuera a su casa, no que estaba despedida, lamento la confusión. —Bueno, lo pensaré señor Carter y cuando tenga la decisión le haré saber cuál tomé, tengo que irme, que pase una linda tarde señor Carter, nos vemos. No le di tiempo a responder, colgué la llamada y seguí en mis cosas hasta que fue momento de irme a la universidad. Creí, al llegar, que posiblemente él estuviera dentro del salón esperando a hacer de mi tarde una pesadilla, sin embargo, fue todo lo contrario, no apareció en ningún momento. "¡mmm! tranquilidad" —me pensé al sentarme en mi lugar de siempre, frente al pizarrón. —¿Entonces Mia? —acercó Tylor su boca a mi oído —¿no piensas regresar al trabajo? mira que ahí le haces falta a muchos de nosotros, incluyendo al señor Carter que ahora tiene nuevo asistente ¿adivina quién es? —Ya sé, no me digas ¿tú? —me reí de él —si vuelvo o no ese no es asunto tuyo, deja de fastidiarme. —Deja de fastidiarme —me arremedó —date cuenta que no eres indispensable para el señor Carter, nadie podría tomarte en serio amiga, debiste ver a la esposa del señor Carter, eso sí es una mujer de verdad, tiene presencia. —¿A mí qué? puede ser la mujer más poderosa del mundo que a mí me da exactamente lo mismo, deja de fastidiar y de meterte en asuntos que a ti no te competen, así que desaparece de mi viste, Tylor. —Estás advertida cariño, el señor Carter tiene dueña y una que, si sabe lo que quiere, cuando lo quiere y como lo quiere —¿Terminaste? —Ya lo sabes Mia, es mejor que te des por vencida, ah, y en serio, la señora Carter es una mujer de verdad, dudo que le llegues a los tobillos. —¿De verdad? —mencioné curiosa —¿cómo sabes que ella es una mujer se verdad? ¿acaso lo has comprobado por ti mismo? ¿has traicionado al señor Carter por una mujer? Tylor no quiso responder, se dedicó a sonreír con diversión; cosa que no me interesó saber por qué. Giré mi vista al pizarrón y el profesor entró haciendo que todos cerraran la boca de una buena vez. "la mujer del señor Carter si es una mujer de verdad" —esas palabras me hicieron enojar —"¿acaso no era yo una mujer también? ¿Qué insinuó con esas palabras?" —en serio que esas palabras habían llegado hasta lo más profundo de mi ser, yo me sentía bien conmigo misma y ahora, estaba dudando hasta de la forma en que me vestía. "Tenemos que hablar Mia" —decía el mensaje del señor Carter, pero justo en ese momento era algo que no quería hacer, no quería hablar con él —"no me hagas ir por ti después de clases, así que responde los mensajes" Con esa amenaza no me dio la gana responder, simplemente no era una persona que le gustaba recibir órdenes de esa manera, Carter estaba loco si creía que me haría responderle sus mensajes. "Mia, esto no es un juego, no me hagas ir por ti y hacerte pasar una vergüenza" Apagué el celular y me centré en mis clases, sonreí satisfecha de mi autocontrol y de lo decidida que era, nadie podría hacerme doblegar y Brian Carter no sería el primero. Nadie había sido tan molesto para mí como Carter y es que desde la primera vez que miré sus ojos hubo algo allí que me hizo sentir extraña, fue incómodo para mí y, aún lo seguía siendo.
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