Capítulo 5

1379 Words
Debería alejarme de Samantha Miller. ¿Por qué? Porque ocupa más espacio en mi mente de lo que debería. Apenas es sábado y ya deseo que sea lunes por la mañana para volver a verla, para olerla, para sentirla cerca de mi. Se me ha metido tanto en la mente que hasta siento que su aroma en mi coche, como un recordatorio constante de la forma en que se me abalanzó esa noche. De la forma en cómo me tocó y la toqué... Tuve que llevarla a Sain Louis porque Amanda trabaja ahí y supe que la atendería sin hacerme preguntas. Y sin que Mía se enterara de que había una mujer cerca de mi. Sé que tengo una conversación pendiente con ella, dado que asumió que era mi pareja por la forma en que se me restregaba y no tuve momento alguno para corregir esa situación. De igual forma, sé que estará supuestamente encantada de ver qué he superado lo que nuestras parejas nos hicieron. Como sea, sólo espero encontrar la manera de sacar a la mocosa de mi mente y ocuparme en cosas más importantes. Mentiroso. Me recrimina mi subconsciente porque, a decir verdad, lo único en lo que he podido pensar desde que terminó su castigo ayer, es en lo que ellá hará este fin de semana. ¿Tendrá un novio? ¿Irá a casa con su familia? ¿Se estará acostando con alguien? ¡Eso no es mi jodido asunto! Debo dejar de pensar en ella como un acosador pervertido y centrarme en esta noche. Tamara me invitó a cenar a su casa para presentarme a su hijo pequeño y conversar un poco acerca del tiempo que estuvimos lejos. Supongo que debí ser un tremendo imbécil cuando dejé que Mía me alejara de todas mis amigas con el argumento de que eran unas perras resbalosas que querían meterse entre nosotros. Ah, la ironía de la vida. Siempre fue celosa de mis amigas, pero estaba muy cómoda con con Jackson. Me encantaría saber desde qué momento esos dos empezaron a verme la casa de imbécil y se revolcaban en mi casa. Debo controlarme, por el bien de mi corazón y de Tamara, debo dejar las estupideces de lado. Me permito aspirar el aroma de la mocosa una última vez y decido salir para enfrentar a mi amiga. Dejo la ventanilla abierta porque el aroma es muy intenso y si el coche se queda cerrado, será lo suficientemente asfixiante como para que quiera ir a buscarla. Miro la casa frente a mi y me agrada al instante porque tiene el estilo de Tamara: ámplia, luminosa y sólo con lo necesario. Toco el timbre y me recibe un hombre que está entre los 45 y los 50, alto, de cabello rubio y unos ojos dorados como los de Samantha. ¿Puedo, por favor dejar de pensar en ella, aunque sea 5 minutos? -Buenas noches. -Buenas noches, soy Daniel Miller, el esposo de Tamara. -Un placer conocerlo, soy Liam Johnson. Entro en la casa y me recibe Tamara con su familia: un joven de unos 25 años, que es su primer hijo y el motivo de que nuestra familia sea tan complicada; y un pequeño de 7 u 8 años. -¡Liam! Tanto tiempo sin vernos. ¿Cómo has estado? -No tan bien como tú. Estás preciosa, el tiempo no pasa sobre ti. -Adulador, como siempre. Pero pasa, te presento a mi hijo Julian y al pequeño Emory. Los saludo de la forma más amable que puedo y me siento en la sala a conversar. Resulta que Julian tiene 23 años y el pequeño Emory tiene 8. Tamara se disculpa porque su hijastra no ha llegado y, al parecer eso es algo que los incomoda a todos, pero le digo que realmente no importa porque es sólo una visita y no un juicio. Para relajar el ambiente y sentirme un poco más cómodo, les cuento que una chica en una de mis clases -no digo su nombre- me es un verdadero reto porque parece estar predispuesta a molestarme, pero sé que es una buena estudiante a pesar de todo y por eso la he castigado con sesiones extra de estudio. Mi sensación de comodidad se va al carajo cuado se abre la puerta de nuevo y escucho una voz a mis espaldas. -Lamento la demora, pero ya estoy aquí. -Vaya, al fin llegas.- dice Tamara molesta y no reconozco el modo de ser de la mujer que tengo frente a mi. -Sí, es que se me complicó un poco el traslado. Pero como sea, dijeron que sólo vendría uno de sus amigos, así que no es para tanto. -¡Samantha, cállate y ven aquí! -Ni que fuera para tanto. -Tu madre dijo que te calles, deja de avergonzarnos y ven a saludar. -Es mi madrastra, te lo recuerdo. -Samantha, basta. Ven aquí... quiero presentarte a mi muy querido amigo. Él es un nuevo profesor en tu... -Ya nos conocemos. -No me interum... Espera, ¿qué? ¿cómo? -¿Recuerdas qué estoy estudiando? Es imposible que no lo... -Que pequeño es el mundo, señorita Miller.- -¿De dónde se conocen, Liam? -Es la alumna de la que te hablé. -¿Es en serio? ¡Samanta! ¿No puedes no avergonzarnos? -Liam, en verdad lo siento... yo... estoy muy apenada. Quería presentarte a mi familia y, de haber sabido que conociste a Samantha en esas circunstancias... no sé, no le habría pedido venir. -No te preocupes, Tamara. Pero, siendo sinceros, ¿por qué hay tanto rencor entre Samantha y tú? -Supongo que por muchas cosas que te diré más adelante. Pero, por ahora, quiero pedirte un favor. -Tú dirás. -Se trata de Samantha, en realidad. -¿Qué hay con ella? -Bueno, Daniel y yo hemos decidido pedirte que, por favor, la tomes bajo tu tutela en la la escuela. -Su desempeño académico ha sido realmente flojo y es inaceptable para esta familia. Es por eso que, teniendo el renombre que tienes, sería bueno que ella mejorara sus notas... ya sabes, con asesoría personalizada. -¿Quieres una niñera?- pregunto, evidentemente molesto por esta trampa. -¡Por supuesto que no! ¡Me niego a tener una niñera!- explota de pronto la mocosa y, por primera vez, no podría estar más de acuerdo con ella. -Samantha, bastante molesto es lidiar con tus problemas cuando no estás aquí. Permite que nuestros padres lo arreglen.- suelta el hermano y me imposible notar cómo es la dinámica entre ellos. Samantha le huye como si fuera la peste. -¡Tú déjame en paz! ¡No te me acerques! -Samantha, deja de hablarle así a tu hermano. Asustas a todos aquí.- comenta Tamara, buscando mediar. -¡No quiero una niñera!- insiste la mocosa. -Samantha, acepta que el señor Johnson te tome bajo su tutela. Si no fuera porque tengo que atender la oficina en Pasadena, lo haría yo mismo.- insiste el hermano y ella pone una expresión de asco que me alarma. -Samantha, está asustando a su hermano pequeño, así que vamos a hablar en el jardín. Sólo usted y yo.- indico y ella mira a su hermanito, preocupada. -Emory, lo siento mucho, bebé.- -Samantha, venga conmigo. Sólo usted y yo. Salimos al patio y me sorprende ver algunas lágrimas luchando por no salir de sus ojos. Le entrego mi pañuelo y espero a que se calme mientras paseamos. Nos detenemos frente a la piscina y miro el anhelo en sus ojos. -¿Te gusta nadar? -¿Ahora me hablas de "tú"? Eres muy extraño. -¿Preferirías que te tratara íntimamente frente a tu familia? ¿Tan íntimamente como la última vez que estuvimos solos? -¡Eso no es cierto! ¡Deja de afirmar cosas que nunca pasaron! -Bueno, está bien. Supongamos que no pasaron. ¿Qué te parece si hacemos una apuesta? -¿Sobre qué? -¿Te gusta nadar? -Sí, bastante. ¿Por qué? -Bueno, hagamos algo. En mi casa tengo una piscina, quizá no tan grande como esta, pero es semi olímpica. Si tú me ganas en 200 metros, no tendrás una niñera. -Eso será pan comido. -Pero... si yo gano estarás castigada hasta el fin de semestre. -Hecho, anciano.
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