Desperté la mañana del domingo, extendí mi brazo sobre la cama, vacío. Solo un espacio frío y vacío, claro, era un hábito soñar o fantasear con lo mismo. Aunque se sentía tan real durante los últimos meses, esta noche fue especialmente vívida, la más real de todos. Me levanté cabreado y busqué la camiseta que como de costumbre utilizó en casa, no estaba, no le di importancia y sin más me dirigí a la ducha; deje que el agua barriera con el cúmulo de molestia que se estaba formando en mi mente y pecho. Me moleste porque mi lobo se encontraba relajado y libidinoso en mi interior. No escuchaba ruido alguno, tan ebrio no estaba anoche como para haber imaginado todo de hecho no bebí, si vino y se arrepintió lo entendería, quizás solo son necesidades por la innegable atracción entre alfa

