CAPÍTULO 8

959 Words

Sawyer hace un mohín y asiente, coge otra magdalena y hace ademán de ponerme ojitos de cachorrito. Hudson se queda boquiabierto y es entonces cuando Sawyer se ríe de su glaseado y se dirige a una de las mesas. Toma asiento y grita: —¡Diez! —De nada.—Saludo con la mano. Luego empujo la caja hacia Hudson, que aún no ha hecho ademán de probar una magdalena. —Cógelo, tío. No es para tanto. Se endereza los gemelos y luego la corbata, con los labios apretados. No hace falta ser un genio para darse cuenta de que está teniendo algún tipo de batalla interna. Estoy a punto de meterle la maldita caja en los pantalones cuando se mete las manos en los bolsillos y deja de juguetear. —No. Estoy bien. Oí las palabras. Alto y claro. Vi cómo movía la boca al decirlas. Y, sin embargo... —¿Estás bien?—

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