Capítulo 6

1004 Words
Se dirige hacia uno de sus compañeros y le pide que rastree la llamada. Era una situación urgente que no podía esperar. ‒Lo tenemos, aquí está la dirección: todos a sus puestos. El informante se está comunicando ‒ordena Lucía. Ordena ir al lugar donde marca el mapa. -Nadie actúe hasta que yo lo ordene, quiero verlos en un rato. ‒pide ella. Al día siguiente, Belén se despide de su abuela ‒Cuídese mucho ‒la saluda dándole un abrazo y un beso ‒Sea juiciosa, escuche a su papá, hágame caso. ‒le pide su abuela. Belén asiente conmovida y se abrazan emocionadas. Mientras tanto, en el depósito, William y Jorge estaban perdiendo la paciencia ya que Jessica se negaba a hablar. ‒Estoy agotado física y mentalmente. La señorita se niega a hablar ‒dice William con voz cansada con ganas de terminar todo de una vez. ‒Hable de una buena vez así evita el maltrato innecesario ‒sugiere Jorge con voz calma intentando controlar el enojo que se apoderaba de él. Jessica se encontraba desmayada por el golpe que Jorge le había propinado en un costado de la cabeza con la culata de su pistola. Jorge aparece con un balde de agua fría y se lo tira por la cabeza con violencia desmedida. Jessica se despierta asustada y desorientada gritando sin saber dónde se encontraba. ‒Es un bañito, solo es agua. ‒le dijo William a Jessica sin ocultar su fastidio por la situación. ‒Hágase cargo ‒le ordena con firmeza y en voz baja a Jorge con dureza mientras se va del estudio. Entretanto, Lucía y su gente se dirigen en sus autos a la dirección proporcionada por el informante. Roberto los sigue a una distancia prudencial quedándose a lo último y cuando sus compañeros toman una calle, él decide desviarse del camino tomado por ellos En ese instante, suena su móvil. Era Lucía, su jefa. ‒¿Dónde se encuentra Aristizabal? ‒pregunta ella nerviosa a Roberto apenas atendió la llamada. ‒Se me presentó un inconveniente ‒se disculpó él mientras manejaba a toda velocidad. ‒Déjelo así Roberto, haga lo que quiera. ‒dice ella cansada de sus actitudes rebeldes y corta la comunicación con un aire de fastidio. Minutos después, Roberto llega al depósito mucho antes que sus compañeros porque había tomado un atajo para llegar más rápido. Se detiene cerca del lugar para no despertar sospechas observando y esperando para actuar. La vida de Jessica corría peligro allí y él tenía que salvarla antes de que fuera demasiado tarde. Media hora después, Roberto divisó a William que salia del depósito y se dispuso a perseguirlo. Cuando estaba cerca de alcanzarlo, se interpone un camión en su camino. Roberto se aparta de su coche y amenaza al conductor con una pistola para que lo deje pasar. El conductor se asusta y lo deja pasar sin vacilaciones. En medio de la persecución Roberto vio cómo Jorge pone a Jessica Aparentemente desmayada en el baúl del auto y huye a toda velocidad. William y Jorge llegan a un terreno descampado, proceden a estacionar el auto, Jorge abre el baúl y saca a Jessica quien se encuentra asustada al ver dónde se encontraba. Ella suplica con desesperación y miedo que no la maten pero ambos hombres simulan no oírla. William toma la 38 y ordena a Jessica que se arrodille en el suelo. Al tener las manos atadas a la espalda, ella era incapaz de moverse sin ayuda. Jorge la toma de un antebrazo y la obliga a arrodillarse ante William y éste, sin mediar palabra, la ejecuta de dos tiros en el pecho. Jessica cae inconsciente al piso. Luego ponen el cuerpo de la mujer en una gran bolsa negra, la cierran con cinta de embalar y la arrojan por un barranco como si fuese un desecho más entre todos los que se encontraban en aquel terreno inundado de botellas, bolsas y otros elementos plásticos y de vidrio. Mientras tanto, Alfredo se encuentra en su oficina hablando con uno de sus hombres. Se encontraba organizando los detalles para que el traslado de las chicas a España se realice de la mejor manera posible sin despertar sospechas en los controles del aeropuerto. ‒¿Ya resolvieron el asunto con la Aduana? ‒preguntó Alfredo a uno de sus hombres. El hombre le aseguró que se estaban ocupando del asunto, que no debía preocuparse. ‒Encarguese de todo, yo estaré ocupado con el asunto de México. ‒ordenó él enérgico. Sofía se encontraba a bordo de un taxi camino al aeropuerto. La invadía una mezcla de ansiedad por ver en persona a Alfredo y por otra parte una sensación de temor la invadía porque temía que su esposo mandara a buscarla y traerla de regreso a su casa. Eran las ocho de la noche cuando dejó la casa, había caminado algunas calles hasta encontrar la parada de taxis como le había recomendado Alfredo así no correría el riesgo de encontrarse con su esposo y le hiciera preguntas que no supiera cómo responderlas y evitarse, además el castigo por haber salido sola a altas horas de la noche. A los cinco minutos de esperar llegó uno y se apresuró a tomarlo. Le dio a dirección al chofer y luego llama a Alfredo por celular ‒¿Nos vemos allá? ‒pregunta ella ansiosa ‒Me temo que por cuestiones urgentes de trabajo no podré ir a recibirte. ‒ se disculpó él. ‒¿Entonces? ‒quiso saber ella decepcionada por la respuesta de Alfredo. ‒Mandaré alguien que te recoja ‒le respondió él ‒Te amo, te veo en un rato ‒dice ella aliviada y sonriendo. Al llegar a su casa, Gregorio llama a su mujer. ‒Sofía, mi amor. Ya llegué a casa ¿Dónde estás? ‒vociferó alegre Al no obtener respuesta alguna de ella, Gregorio recorre la casa llamándola preocupado. Decide emprender la búsqueda de su mujer al día siguiente. En
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