Capítulo 9

1082 Words
Mientras tanto, Vicente encuentra el celular de Sofía en su mesita de noche, con curiosidad lo toma y observa sin poder creerlo los contactos del móvil de su esposa y encuentran el número de Alfredo. Sin dudarlo dos veces lo llama y Alfredo responde al segundo timbre: ‒Soy Vicente Pérez, estoy buscando a mi esposa Frida Aguilera. ‒dice él. Alfredo mira a Frida sonriente. ‒Está equivocado ‒contestó Alfredo y cortó la comunicación. ‒Sólo planean ganar lo suficiente para saldar algunas deudas. ‒comenta Alfredo. Vicente dolido por la huida y traición de su mujer se acuesta en la cama llorando y preguntándose en qué se había equivocado para que su esposa haya decidido abandonar sin darle explicaciones. Aquella noche, en la habitación del hotel, las chicas conversaban sobre sus planes en España: la mayoría coincidía en no quedarse mucho tiempo ya que extrañaban a sus familiares. Al día siguiente, Frida se despierta un tanto desorientada. Se dirige hacia la cocina a buscar un vaso con agua, al abrir la heladera comprueba extrañada que la misma se encuentra vacía. Acto seguido, toma el teléfono de la mesa ratona de la sala y se dispone a llamar a Alfredo y comprueba que el aparato está desconectado. En las habitaciones del hotel, las chicas se despiertan felices luego de haber dormido tan bien y se disponen a prepararse con entusiasmo para ir a desayunar en el salón principal antes de partir para España. Se acomodan en las mesas del salón mientras les sirven un copioso desayuno compuesto por jugo, café y tostadas con mermelada. Todas conversaban animadas haciendo planes para su futuro cuando, en ese preciso instante, aparecen William y Jorge quienes las saludan y les comunican que tendrán una charla con Alfredo, gerente de la agencia, antes de ir al aeropuerto a tomar el avión que las llevará a España. Al rato, aparece Alfredo, quien les da una calurosa bienvenida a las chicas. Ellas lo reciben con una ovación y lo aplauden. ‒Me presento oficialmente: mi nombre es Alfredo Escudero, gerente general de la agencia Millenium, a partir de ahora ustedes forman parte de la agencia. Me siento muy honrado de estar rodeado de tantas mujeres hermosas. Algunas trabajarán como meseras en bares, otras como mucamas y algunas pocas como modelos de gran prestigio internacional en Europa. ‒comentó Alfredo. ‒Sin embargo, me veo en la obligación de comunicarles que el aeropuertose encuentra cerrado por amenaza de bomba ‒anuncia Alfredo. Al oír las novedades, las chicas dejaron escapar una exclamación de asombro. ‒Entonces ¿Qué vamos a hacer? ¿Nos dejarán acá? ‒exclamó una chica alta y rubia preocupada. ‒Tranquilas, las cosas siguen como están. Necesitamos viajar a Panamá por tierra, no les niego que el viaje será pesado pero conocerán muchos lugares interesantes, incluido el mar ‒comenta Alfredo ‒¿Alguna conoce el mar? ‒preguntó él. ‒No pero debe ser tan lindo ‒comenta Belén con aire soñador. ‒Gracias a todas y ¡¡¡Espero que nos encontremos en España!!! -dijo a modo de despedida Alfredo imitando el acento de los españoles. ‒Las dejo con William y Jorge, mis hombres de confianza. ‒cerró él señalando con sus manos a ambos hombres. Las chicas aplaudieron entusiasmadas. Momentos después abandonan el hotel y se dirigen a una combi blanca. Entretanto, Alfredo y Sofía se encuentran almorzando en un restaurante al aire libre. El día era cálido y el cielo se encontraba soleado sin nubes. ‒Estar aquí contigo es como estar en el cielo. ‒dice Alfredo con aire soñador mirando a Sofía a los ojos. ‒Gracias por hacerme tan feliz, por hacerme volver a creer en el amor ‒dice ella contenta tomándolo de las manos. ‒Eres tan suave, delicada: me inspiras a cuidarte y protegerte ‒dice Alfredo ‒Yo soy el agradecido. ‒agregó. Al fondo del restaurante se encontraba Yanina, mejor amiga de Valeria, la hija de Alfredo, quien no puede creer lo que sus ojos estaban viendo en ese momento: el padre de su amiga con otra mujer. ‒Es el padre de Valeria papá ‒comenta sorprendida a su padre El padre mira en dirección al punto donde señala su hija sin creer lo que está viendo. De inmediato, ella marca el número de su amiga para contarle sobre lo que estaba viendo. ‒Hola amiga, adivina quién está almorzando en el restaurante donde me encuentro con mi papá. ‒dice Yanina a su amiga. ‒Yani, hablamos después, adiós. ‒le dice ella cansada Valeria corta la comunicación. Yanina toma una foto de Alfredo y Sofía y se la envía a su amiga. Valeria mira sorprendida la foto que su amiga le envió sin dar crédito a lo que veía. Ahora sí me va a creer pensó Yanina convencida. Entretanto, las chicas iban contentas cantando en la combi. El único que no estaba disfrutando del viaje era Jorge quien se encontraba descompuesto: se sentía mareado y tenía ganas de vomitar. Desde pequeño siempre había sufrido los largos viajes cuando iba de vacaciones con sus padres porque eso significaba un suplicio para él y el alivio sólo llegaba cuando al fin llegaban a destino. ‒Vayamos más despacio William, no me siento muy bien. ‒pidió Jorge a media voz. ‒No podemos ir más despacio Jorge, no llegaremos a tiempo. ‒se disculpó William impaciente. Una de las chicas advierte el estado de Jorge y le alcanza una bolsa pequeña de plástico para que pueda vomitar cuando lo necesite, éste le agradece aliviado su gesto. Unos kilómetros más tarde, las chicas piden hacer una parada para ir al baño. ‒En la próxima estación pararemos a cargar combustible, comer un aperitivo y podrán ir al baño, ¿ok? ‒dice William. Las chicas aceptan agradecidas. Vicente se encontraba leyendo el diario y desayunando en el jardín de su mansión cuando en ese momento suena el timbre. Helena, la mucama atiende la puerta. ‒Trajeron este sobre para usted señor ‒le informa alcanzándole el sobre mediano de color madera a Vicente. ‒Muchas gracias Helena, puedes irte ‒le dice Gregorio. Abre el sobre color madera intrigado por su contenido, saca una serie de papeles: enseguida comprueba que se trataba del resultado de los análisis de Frida, los cuales confirman su embarazo. Vicente reflexiona cuál será el paso a seguir ante la novedad del embarazo de su mujer.
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