«Mikkel Jensen»
Las decisiones que tomaba el rey era absoluta ley, aun para mí su único hijo y heredero al trono, quien a pesar de estar lo suficientemente mayor aún debía acatar cada una de las decisiones que tomará para mi supuesto bien, a temprana edad aprendí que llevarle la contra a alguien como mi padre solo empeoraba las cosas.
Y esta mañana como siempre me sorprendió con otra de sus fantásticas ideas que según él me beneficia grandemente.
—¿En verdad papá? — observe cómo las mujeres del servicio ponían sobre la mesa los platillos de esta mañana.
—Si, después de que Antón cayera muerto por defenderte el mes pasado necesito más seguridad para ti, en unos meses tomarás el trono hijo, recuerda serás el líder de una gran nación— y con esas palabras sólo me traía un mal sabor de boca, saber que Antón murió protegiendo mi vida de los enemigos de la corona me hace sentirme mal por arriesgar otra vida, tenía ya más de veinte años con Antón como mi guardaespaldas.
—Lo sé papá, pero tienes suficientes hombres para...— me detuvo.
—¡Aún eres un simple príncipe, no puedes desafiar las órdenes del Rey! — me extendió su dedo índice para que continuará en silencio sin poder siquiera renegar a su palabra. —Además un guardaespaldas joven es lo que necesitas, apenas cumplirás treinta y te falta mucho por reinar—
Y aunque así lo dictaba la tradición, hasta los treinta podía asumir el trono y después de eso buscar el mejor prospecto como futura reina consorte, aún sentía que me faltaba mucho para ser como mi padre a pesar de que él me había estado preparando toda mi vida.
Y aunque mi vida en el reino está más que involucrada desde que cumplí la mayoría de edad, mi voz aún no tenía un valor tan pesado como la de mi padre.
—De acuerdo, entonces...—una vez más me vi interrumpido.
—Mikkel, todo esto lo hago por tu bien hijo, eres mi único heredero, tu madre estaría orgullosa de lo que te vas a convertir— colocó su mano en mi hombro —Al igual que yo, ahora ve a seguir con tus deberes, mañana te veré a las siete en mi oficina para que conozcas a los reclutas y dictes sus obligaciones con la corona— y sin más me dejó sólo en aquel pasillo.
A tan sólo unos meses para mi gran ascenso desde este momento todo era difícil, no quiero imaginarme al ser rey. Sin duda alguna ningún tiempo es suficiente para prepararte a lo que el futuro prepara, y mucho menos me imaginaba que el futuro tendría algo así para mí.