Prólogo
«Katrine Rask»
Un día como cualquier otro sucedía en mi vida, no era de lo más interesante o eso hacía creer a las personas a mi alrededor puesto que ellos nunca entenderían el riesgo en el que me podría día tras día, pero esto era lo que me apasionaba.
En fin, eso era lo que creí hasta que unos minutos antes de comenzar mi turno de guardia dentro de la casa blanca.
—Te han reclutado hija— me anunció Elliot, mi padre.
—Pero Elliot...— cómo reaccionar ante aquello a lo que no te habías preparado, esta mañana pintaba para ser una igual a las otras. Me interrumpió.
—¡No Katrine! Es una orden— gritó como lo hacía cuando estábamos en servicio, entendía esta parte de su carácter autoritario, este había sido el trabajo de toda su vida.
Elliot me había criado cuando me adoptó del orfanato en Dinamarca a los cinco años, después de eso nos mudamos a los Estados Unidos donde Elliot tenía su empleo.
Desde ahí había decidido ser como él, un guardaespaldas, no cualquiera la mejor así que día tras día ponía mi mayor dedicación en ello.
A los dieciocho decidí entrenarme como militar aquí en los EEUU, donde Elliot lo hizo y después tomar un par de clases con algunos otros grupos de elite.
Me había desarrollado tan bien en la profesión de Elliot como guardaespaldas que había trabajado más de una vez para la casa Blanca, con el mismo presidente y eso que apenas tenía veintisiete años.
Y aunque sabía que no estaba sirviendo a mi país como lo dictaba la ley, esperaba nunca regresar, no era de mi agrado aquel lugar. Puesto que tenía doble nacionalidad.
—Bien, lo que digas Elliot— y aunque me dolía el tener que alejarme de a quien yo consideraba un padre, si me era necesario ir tendría que hacerlo. —¿A dónde iré? — pregunté, aunque teniendo en cuenta lo anterior creo que ya tenía una posible respuesta a ello.
—El rey ha solicitado personalmente que te presentes tú, al igual que tres reclutas más, únicamente personas que aún le deben su servicio a Dinamarca— me entregó un sobre. —Tu pasaporte, boleto de avión y las llaves dun departamento— me dio el sobre amarillo. —Es un deber muy importante, estarás sólo como recluta, en cuanto termines tu servicio para con el rey, regresaras, ahora ve y haz lo mejor que sabes hacer— una sonrisa se formó en sus labios.
—Lo haré como hasta ahora— me empezaba a doler el tener que separarme de Elliot, mi padre —Te quiero papá— dije como pocas veces, algo teníamos era que nuestras palabras de afecto eran muy nulas y sin esperar más le abracé.
—Y yo a ti hija— dejó un beso en mi frente, uno que me acompañaría en todo momento —Ve y demuestra quien es Katrine Rask— con una sonrisa en sus labios y con una lágrima cayendo por su mejilla me separe de él.
—Eso haré— y con una sonrisa melancólica abandoné mi lugar de trabajo y tomé un taxi para ir a casa a hacer mis maletas.
Esperando que esta nueva oportunidad sea de las mejores o si quiera fuera rápida y pudiera volver a casa ya.