Capítulo 12 — El ajuste

599 Words
Helios no respondió con amenazas. Respondió con orden. La mañana siguiente, San Aurelio parecía igual. El tráfico, los cafés, los trajes, los titulares neutros. Solo que algo se había movido. Y Isla lo sintió antes de verlo. El primer mensaje llegó a las 7:12 de la mañana. “Se ha cancelado la audiencia de revisión del caso Vega por falta de jurisdicción.” Isla frunció el ceño. El segundo llegó dos minutos después. “El juez Valdés ha sido apartado temporalmente por investigación interna.” Isla sintió frío. El tercero no fue un mensaje. Fue un correo. De su banco. “Su cuenta ha sido congelada por actividad inusual.” Isla soltó una risa breve. —Claro. Camila estaba sentada en el sofá, envuelta en una manta, sosteniendo una taza con ambas manos. —¿Eso es Helios? —Eso es limpieza. Isla marcó el número de Dante. Contesto al primer timbre, como si esperara la llamada. — ¿Si? -Frío, como siempre. —¿Ya empezaron? – pregunto Isla. —No —respondió él—. Ya terminaron el primer movimiento. —¿Cuántos hay? —Tantos como para que no se note. Isla cerró los ojos, sintiéndose como si una fuerza mayor tratara de aplastarla. —Me están aislando. —Te están convirtiendo en una variable inestable. —Eso es una forma elegante de decir “descartable”. —Todavía no. Isla respiró. —¿Qué quieren ahora? —Que te canses. —No lo voy a hacer. —Lo sé —dijo Dante—. Por eso viene lo siguiente. —¿Qué? Silencio. —Te van a ofrecer algo. Isla frunció el ceño. —¿Qué clase de algo? —Redención. Isla sintió náuseas. —Eso no existe. —Ellos la venden muy bien. Camila levantó la vista. —¿Quién? Isla dudó. —Una fundación. Camila tragó saliva. —Por supuesto. El timbre de la puerta sonó. Isla se tensó automáticamente, —¿Esperas a alguien? -miró a Camila. Camila negó. Isla se acercó a la puerta y miró por la mirilla. Un hombre trajeado y una mujer. Carpetas. Sonrisas. —Doctora Navarro —dijo el hombre cuando Isla abrió—. Somos de la Fundación Helios. Queríamos hablar con usted. Isla los miró largo rato. —No. —Será breve. – le dijeron con educación y sonrisas. —No. La mujer dio un paso Adelante, mirando a Isla como si fuera un cachorro herido. —Queremos ayudarla. – dijo la mujer. Isla rió sin humor. —Eso siempre es una amenaza. —Usted está siendo injustamente atacada —continuó la mujer—. Podemos ofrecerle respaldo legal, mediático y financiero. —¿A cambio de qué? —Silencio. La palabra no fue dicha. Fue evidente. —No —repitió Isla. El hombre sonrió con paciencia. —Piénselo mejor. Isla los miró fijo. —Ya lo hice. – dijo con tranquilidad. Les cerró la Puerta en la cara. El teléfono vibró. —Eso fue rápido —dijo Dante. —Vinieron a comprarme. —Sí. —No estoy en venta. —Lo sé —respondió él—. Por eso te quieren fuera. Isla respiró hondo. —¿Qué viene ahora? Pausa. —Van a dejar que algo se rompa. —¿Qué cosa? Dante tardó. —Tú. Isla miró a Camila. —No. —No pueden tocarte directamente —continuó Dante—. Así que van a tocar lo que te sostiene. Isla sintió frío. —¿Qué es lo que me sostiene? Dante no respondió. Y eso fue peor que cualquier nombre.
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