14. Pasaron dos años. Y aún extrañaba a mi mami. Esos años fueron los más duros hasta ese momento, pero el tiempo y la naturaleza habían hecho lo suyo, ya era más grande y mi cuerpo se desarrollaba con era de esperar. Para alegría mía, mis tetas crecían, y mi cintura se formaba, mis muslos y caderas se abultaban dándome una sensualidad que hasta ese momento desconocía. Uno de esos días en que ya no esperas que suceda nada, llegó una carta. Mi corazón casi se detuvo. —En una semana vendrán a buscarte… —soltó Machi, con una mueca de fastidio. —¿Quién? —pregunté lo más ansiosa, y estuve a nada de dale un beso en la mejilla, pero recordé que no le gustaba que nadie le toque. —¿Quién más? —me señaló el sello de los Kowalski Piotrowski y casi me desmayo. Estaba ansiosa, quería ver a Aleksa

