— No te preocupes, yo me encargaré de organizar un cuarto mejor para Sophie. — Pero señora Yessica… — Mucho gusto, Yessica. Yo con gusto te ayudaré. — Ay Dios, ya se pusieron de acuerdo las dos… Bueno, supongo que lo único que queda es escoger la casa nueva. — Podemos ir cuando quieras. — Vamos ahora, apresúrense. — Pero mamá… ¿Acaso no estás cansada? — Para mi nieta, nunca estoy cansada. ¡Así que vámonos! Mi mamá tomó a Sophie entre sus brazos y todos nos marchamos. La primera casa que visitamos me sorprendió: era enorme, rodeada de árboles y con un campo extenso que parecía no tener fin, además de una piscina en el fondo. — Quiero vivir aquí, no hay que buscar más. — ¿En serio? — Sí, me encanta. Puedo imaginar a Sophie corriendo por todo el campo, jugando feliz. — Me parece p

