—¿Está mejor? —preguntó Morgan, dejando de masajear la pierna de su pareja. —Sí, ya está mucho mejor, gracias —suspiró Kendall, e inmediatamente intentó sentarse en la cama. —Nop, ni hablar —rechazó el alfa, volviéndolo a empujar suavemente para que se recostara en la cama. —Morgan —se quejó su omega. —No te dejaré levantarte de la cama con ese horrible dolor de piernas que tenías, Muffins —negó—. Toda tu pierna estaba entumecida y te dolía, no puedes negarlo cuando intentabas esconder aquellos pequeños quejidos —indicó. —Solo me iba a poner mis pantalones —refunfuñó sin mirarle. —Eres pésimo mintiendo, bebé —rió el alfa y entonces tomó una manta delgada que descansaba a los pies de la cama y cubrió el regazo de su pareja con ella—. ¿Mejor? —¿Realmente no me dejarás ponerme ni mis p

