Lo siento, no me dejes… Llorar, desahoga el alma y limpia tu corazón una vez escucho decir Fiorella toma rumbo a una casa ubicada en Westhampton Beach, Nueva York. Desde que su compañero de baile de primer grado la dejo plantada, este ha sido su refugio. Cuando necesitaba aclarar su mente, como ahora eran uno de esos momentos en que necesita estar sola, llorar como nunca, era su derecho. Nadie le podía prohibir desahogar su corazón, se sentía estúpida, una ridícula inmadura por actuar así, por salir huyendo de la situación en la que encontró a su esposo. ¡Pero no debía culparse, después de todo, es su primera relación amando! ¡Su primera vez sintiéndose vencida, celosa, y también furiosa! ¡Eso! Furiosa con ella misma por ser una cobarde y salir huyendo de Maximiliano. En vez de enf

