Me di cuenta que transpiraba a mares, ni siquiera el whisky con hielo aplacaba algo del calor interior, inventar y mantener las mentiras me estaba llevando más tiempo y energías de lo que pensaba. No me hacía muy feliz pensar y actuar así con ellas, pero no había otra forma de proceder, ya habría tiempo para que supieran sobre las comodidades de que podían gozar, pero por el momento, deberían aceptar este descenso brusco y doloroso del nivel que ostentaban. “¿Necesitás algo más hijo?”, —preguntó mi madre quizás adivinando mis ganas o conociendo las propias ganas que ellas tenían. “Sí mamá, hermana, necesito algo más”, —les contesté bajándome el cierre del pantalón. Tardaron un pestañeo en besarme prendiéndose como sopapa a mi boca, esa fue mi madre y mi hermana se dedicó a tocar mi bulto

