Olivia
Amanda se tensa de inmediato al escuchar la voz molesta de Hazel tras nosotras. Me coloco de pie y le hago frente, anticipándome al escándalo que muy probablemente monte este idiota que tiene por novio mi mejor amiga.
—¿Qué quieres, Hazel? —pregunto a la defensiva. Él me observa sin emoción alguna en el rostro y me da una mirada cargada con indiferencia.
—Contigo no estoy hablando —espeta.
Hazel siempre ha tenido el aspecto de chico malo, con el cabello n***o azabache despeinado, tatuado por todas partes y de semblante intimidante, pero ahora frente a mí, con los brazos cruzados y las cejas arqueadas, realmente me causa miedo.
—Creo que ya sabes quien soy, Haz —Franco alza una ceja y se encoje de hombros, respondiendo a la mordaz pregunta que lanzó Hazel hace unos segundos. El aludido se muestra más confundido si es posible y luego deja caer su mirada en Samanta.
La rubia lo observa con recelo y la curiosidad se enciende en mi interior. Al parecer, nuestra nueva amiga conoce a Hazel y su novio también, pero ¿por qué todos se muestran tensos?
—¿Sami? —pregunta Hazel. Veo como los músculos de sus brazos comienzan a relajarse poco a poco y comienza a palidecer.
Samanta rueda los ojos e ignora por completo la presencia del pelinegro.
—Creí que tenías muchas cosas que hacer para la Universidad y que por eso no querías verme —espeta Amanda, hablando por fin. Se coloca de pie a mi lado y observa a su novio con decepción y resentimiento.
—Tengo muchas cosas que hacer, pero necesitaba salir a distraerme un momento —aclara él. Amanda se ríe sin gracia y niega con la cabeza.
—Entonces anda y distráete.
—Vale, creo que los dejaremos hablar a solas —dice Samanta. La observo y asiento con la cabeza.
—Estaré por allá si me necesitas —le digo a Amanda, asegurándome que Hazel también escuche.
—Que fastidiosa.
Alzo las cejas al escuchar al imbécil de Hazel y le sonrío con hipocresía.
—Vete a la mierda, Hazel.
Me giro y camino hacia la barra de alcohol junto a Samanta y Franco. No despego la mirada de Amanda en ningún momento, porque nunca terminaré de fiarme del todo de Hazel.
Es intuición femenina.
—¿De donde conocen a este idiota? —cuestiono. Franco deja escapar una risa ante mi apodo para Hazel.
—Digamos que lo conocemos desde siempre —responde Samanta a medias—. Es mi vecino.
—Y por lo que veo, no eres una de sus tantas admiradoras —señalo con obviedad. Me afirmo contra la pared más cercana y veo como Amanda está cada vez más relajada y sé que ya se han arreglado cuando él la toma de la cintura y la pega a su pecho.
Ruedo los ojos con fastidio, porque por más que lo intente, me cuesta aceptar a Hazel como el novio de mi mejor amiga, aunque siendo objetiva, solo Amanda es capaz de decidir con quien estar y con quien no, yo solo puedo aconsejarla y darle mi apoyo.
—Veo que tú tampoco —menciona la rubia a mi lado.
—¿Entonces son vecinos? —pregunto curiosa. Observo a Samanta y ella asiente con la cabeza.
Franco se coloca tras ella y la abraza por la espalda, dejando un beso en su mejilla.
—Sí, vivimos en un condominio privado —asiento sin decir nada más.
Amanda me había comentado en una ocasión que Hazel venía de una familia con dinero y ahora que Samanta lo comenta, al parecer si tiene dinero, como para vivir en un condominio privado.
Observo detenidamente a Amanda, hasta que ella se gira hacia nosotros y camina con una sonrisa en el rostro. Antes de que diga algo, yo ya sé qué es lo que dirá.
—Hazel y yo nos vamos a su casa—dice.
No puedo evitar dejar escapar un bufido y mi amiga nota que no estoy de acuerdo con su decisión.
—Que te vaya bien —logro decir entre dientes.
—¿Quieres que te pase a dejar a tu casa? —pregunta Amanda. Se cruza de brazos y me observa con la clásica mirada de cachorro abandonado.
—No, me voy en taxi.
Mi amiga se despide de Samanta y Franco, agradeciendo la invitación y luego se detiene a darme un abrazo apretado, el cual correspondo.
—Luego te cuento —susurra en mi oído.
Asiento con la cabeza y dejo caer mi fría mirada sobre Hazel. Intento transmitirle todo mi odio y él lo capta, porque me guiña un ojo y luego saca su dedo corazón hacia mí, sin que Amanda lo note.
Samanta suspira audiblemente a mi lado y me giro levemente para verla.
—Que idiota… —susurra apenas Amanda se aleja de nosotras.
—Muchísimo —confirmo.
—¿Seguimos con la fiesta? —pregunta Franco, observándonos a ambas—, creo haber visto a mis compañeros, podemos unirnos a ellos.
Samanta asiente con la cabeza y luego busca mi aprobación con la mirada.
—Sí, me parece bien.
Ambos me guían entre las personas, hasta llegar a un amplio grupo de chicos, los que ya se notan muy ebrios. Lo único que se me viene a la mente es que mi madre me matará si llego muy tarde a casa y que debo conseguir un taxi que me lleve.
(…)
Reconozco estar ebria y que estos chicos que Franco nos presentó son muy simpáticos y agradables. Todo a mi alrededor gira y es como si estuviera dentro de una licuadora. Me siento extraña y muy ebria.
—¿Dónde está Meredith Grey? —cuestiono.
Una chica que está a mi lado se ríe con gracia y me da un leve empujón con su hombro. Me rio junto a ella, esperando que alguien responda mi pregunta.
—No está, de seguro ya la mataron —bromea. Su aliento apesta a cerveza, pero no la juzgo porque estoy segura que el mío también.
—Ustedes son doctores, deberían saberlo —señalo con obviedad.
Intento ponerme de pie para ir al baño, pero me mareo en el proceso. Samanta se acerca a mí y me agarra del brazo, ayudándome a ponerme de pie.
—Creo que alguien aquí está muy ebria —señala cantarina—, ¿quieres irte a casa?
Niego de inmediato con la cabeza, porque mi madre no puede verme en este estado, de seguro le da un infarto si sabe que estuve en un bar con muchos desconocidos. Recuerdo que no le he avisado nada, por lo que miro a Samanta fijamente, intentando evaluar si ella está igual de ebria que yo.
—Tengo que hacerlo —digo. Samanta alza una ceja y me observa curiosa—. Escribirle a mamá.
—Vamos al baño.
Samanta me jala del brazo y me agarra firmemente, sin dejar que con mi estado de ebriedad caiga al suelo. Al llegar al baño, cerramos la puerta y el ruido ambiente se reduce considerablemente.
—No puedo llegar así a casa —me quejo. Samanta asiente hacia mí y por alguna extraña razón, siento que podría confiar mi vida en sus manos—, ¿puedo dormir en tu casa?
—No te preocupes, yo te cuido —asiente con la cabeza y me sonríe—. Avísale a tu madre que dormirás fuera, para que no se preocupe.
Me afirmo contra la pared tras de mí y siento como si estuviera en una montaña rusa. Intento quedarme quieta y cuando por fin lo logro, siento un fuego subir por mi garganta.
Me giro y apoyo mis manos sobre uno de los lavabos. Sin poder evitarlo, comienzo a vomitar.
Siento las manos de Samanta sujetarme el cabello y acariciar mi espalda con suaves movimientos, lo que me hace sentir un poco mejor. Vomito y siento como mis ojos se llenan de lágrimas, por el esfuerzo físico. La rubia a mi lado se encarga de limpiar mi rostro con papel higiénico y de acomodar mi cabello y ropa.
Me siento avergonzada, pero dejo ese pensamiento a un lado, después de todo, yo no estoy acostumbrada a beber y esto es nuevo para mí.
—Perdón —consigo decir.
—Qué va, no te preocupes —Samanta se encoge de hombros, restándole importancia a la situación—. Vamos, le pediré a Franco que nos saque de aquí.
—¿Por qué no estás ebria? —cuestiono.
—No me enorgullece decirlo —aclara. Se acerca a mí y me toma del brazo, para luego abrir la puerta del baño y comenzar a caminar nuevamente hacia la mesa donde se encuentran los compañeros de Franco—, pero la verdad es que llevo mucho tiempo bebiendo y mi cuerpo ya tiene resistencia al alcohol. No te preocupes, de seguro tú también la conseguirás pronto.
Samanta me guiña un ojo con complicidad y yo exploto en risas. Quién diría que Olivia Clark ahora sería una borracha que vomita en bares con desconocidos.
—Llegó la hora de decir adiós —digo en lo que creo es un susurro, pero al parecer, por las risas de los amigos de Franco, ha sido un grito a toda voz.
—¿Se van? —pregunta con un puchero la chica que estuvo a mi lado gran parte de la noche—. Aún es temprano…
—Debemos irnos —dice Samanta con una sonrisa y sin soltarme, lo que agradezco, porque siento que no tengo la estabilidad suficiente para mantenerme en pie por mí misma.
Franco nos observa y luego asiente hacia nosotras.
—Nos vamos.
Me despido de los chicos y chicas que conocí hoy, prometiendo que volveremos a salir todos juntos para beber y luego salgo del bar en compañía de Samanta y Franco.
Anoto en mi mente que apenas llegue a casa de Samanta, debo escribirle a mi madre que no llegaré a dormir, pero siento mucha culpa de decirle la verdad, por lo que rápidamente me invento la excusa de quedarme en casa de Amanda.
Nos subimos al auto de Franco y yo me acomodo en los asientos traseros. Pongo el seguro y me apoyo contra la puerta, dejando que mis ojos descansen de la luz.
—Olivia dormirá conmigo, no puede llegar así a su casa —dice Samanta.
—Entonces las llevo y luego me voy a casa —responde Franco.
Eso es todo lo que necesito para confiar en ellos y que mañana amaneceré sana y salva. No me permito abrir los ojos y me cuestiono qué tal jodida de la cabeza debo estar para confiar ciegamente en que estos chicos no me harán daño.
Finalmente lo dejo estar, porque nadie puede dañarme más de lo que estoy. Mi maldito abuelo rompió todos los récords.
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Espero que les haya gustado este capítulo❤️ Ya se viene la aparición de Samuel Evans.
Capítulo dedicado a Yuri Ochin ❤️ ¡Gracias por el apoyo, bella!