02

1937 Words
Olivia   La jornada escolar de mi primer día como Universitaria llega a su fin y salgo de la sala de clases con una enorme sonrisa dibujada en los labios. Realmente amé cada segundo estando ahí dentro y estoy completamente segura de que escogí la carrera indicada para mí. Los profesores fueron muy amables con todos nosotros, nos explicaron que el primer día solo se destinaba a conversar respecto a las cosas relevantes de la carrera, aspectos formales de las reglas de la institución, aclarar horarios y entre otras cosas. Aún no pudimos conocer al director de la carrera, ya que aún se encuentra de vacaciones, pero nos comentaron que pronto él se presentaría de manera formal con las personas e nuevo ingreso. No hubo clases como tal, pero eso es lo de menos, porque luego ya vendrá una gran carga académica para todos. De momento, debo irme adaptando de a poco a esta nueva vida académica. Veo la hora en mi reloj de muñeca, mientras avanzo en mi camino por los gigantes pasillos de la Universidad, con rumbo a la pileta de la entrada, donde mi mejor amiga tuvo el percance hace unas horas. Son apenas las seis de la tarde y me pregunto si realmente iremos a beber a esta hora, porque se me hace muy temprano como para irnos de fiesta, aunque en realidad soy nueva en esta vida Universitaria, así que solo me queda acatar, si es que quiero hacer nuevos amigos. A lo lejos puedo ver a Amanda a un lado de la pileta, aún con la vestimenta que Samanta le prestó, la cual consiste en un ajustado pantalón color vino y una blusa blanca, sobre la que trae un hermoso cárdigan color café claro. —Lindo outfit —sonrío y me detengo a un lado de mi mejor amiga. Ella alza la vista de su celular y me sonríe de vuelta. —Me gusta, incluso pensaba en tomarlo como pago por el mal rato —su sonrisa denota malicia, lo que me causa gracia. —No sé por qué te creo, amiga —suelto una risa—. ¿Crees que iremos a beber a ese bar? —cuestiono algo ansiosa. —Eso espero, creo que nos haría bien conocer gente nueva —responde con una mirada tímida. Tomo mi celular desde el bolsillo trasero de mis jeans y le escribo a mamá, avisándole que estaré con Amanda y que iremos a comer algo. No especifico mucho, porque no creo que a mi madre le guste la idea de que esté consumiendo alcohol en mi primer día, mucho menos si es con unos desconocidos. Salgo de mis pensamientos cuando escucho la voz de Samanta a mis espaldas. Me giro levemente y la veo acercarse a paso rápido, mientras trae a su novio de la mano. —Hola, chicas. ¿Nos vamos? —pregunta al llegar a nuestro lado. Franco rodea sus hombros y deposita un beso en su coronilla. Samanta y Franco son una linda pareja, se ven bastante bien juntos. Samanta es rubia y hermosa, pero la verdad es que Franco me parece algo desaliñado, con el cabello n***o que le queda bajo las orejas y está constantemente desordenado. A pesar de esto, no es algo que a mi deba importarme, ya que la relación no es mía y en gustos no hay nada escrito. En fin, me causa ternura verlos juntos, porque Franco es considerablemente más alto que Samanta. En lo personal, nunca he tenido un noviazgo, soy algo reservada con ese aspecto de mi vida. Luego de haber vivido un infierno con mi abuelo, quedé bastante renuente a relacionarme con los hombres y mucho menos en un ámbito s****l. Siempre que me relaciono con el sexo opuesto me pongo en modo alerta, esperando lo peor de ellos y la verdad siento que es algo que siempre estará en mí, el desconfiar de los hombres en general. Después de todo, mis dos figuras paternas me han hecho daño. Papá me abandonó desde muy pequeña y mi abuelo abusaba sexualmente de mí. —¿Nos vamos? —pregunto, cuando me doy cuenta que me he perdido en mis pensamientos por varios minutos. Samanta asiente con la cabeza y nos hace una seña, para caminar hacia el estacionamiento de la Universidad. —Iremos en el automóvil de Franco —dice. Amanda engancha su brazo al mío y caminamos tras ellos, con una sonrisa en el rostro. Algo me dice que esta salida será buena para mí, que por fin podré comenzar una vida normal, como cualquier chica de mi edad y sin los constantes pensamientos negativos que me invaden la mente. Nos subimos en el automóvil de Franco y pronto comenzamos a transitar por las calles de la gran ciudad de Madrid. (…)   Al llegar al lugar comienzo a sentirme muy ansiosa. Recuerdo el comentario que Hazel me soltó en la mañana, al llegar al campus, sobre mi vestimenta y no puedo evitar sentirme incómoda conmigo misma. Me observo hacia abajo, repasando una vez más mi atuendo e intentando pasar desapercibido el hecho de que me siento insegura con la ropa que he traído. Un jeans viejo y una camisa a cuadros no son el mejor outfit para irse de fiesta, definitivamente. —Vamos, busquemos una mesa libre —sugiere Samanta, irradiando alegría, la cual logra contagiarme un poco. Todos la seguimos, hasta que nos detenemos frente a una pequeña mesa redonda ubicada en un costado del lugar. Me siento a un lado de Amanda y observo como todos a nuestro alrededor aparentan estar pasándolo de maravilla. Qué no daría por ser como todos los demás, normal. Disfruta de esto, tienes que ser una chica normal, Olivia>>; me reprendo internamente. —¿Qué vamos a beber? —cuestiono. Amanda ladea su rostro para verme fijamente y alza una ceja con diversión, porque claramente yo no soy conocida por salir de fiesta y beber. —¿Una ronda de cervezas? —pregunta Samanta, dirigiéndose a todos nosotros. Nadie se opone, por lo que cervezas será.  Samanta alza su mano hacia una mesera y la chica se acerca de inmediato a nuestra mesa para tomar el pedido. Franco se disculpa y se retira al baño, mientras Samanta nos sonríe y se muestra amable con nosotras. —¿Cuánto tiempo llevan juntos? —pregunto, con la intención de romper el hielo e iniciar una conversación con la rubia frente a nosotras. —Cinco años —dice ella con una enorme sonrisa. Amanda y yo nos miramos discretamente, con bastante asombro. Cinco años es mucho tiempo. —No sé por qué, pero me imagino una historia de amor digna de estar en el cine —comenta Amanda con una sonrisa, dejando entrever toda su curiosidad. —Ahora que lo dices, creo que sí —Samanta se ríe levemente y afirma su rostro entre sus manos, apoyando los codos sobre nuestra mesa—. Franco y yo nos conocimos en el colegio, cuando éramos unos locos adolescentes e hicimos click desde el primer momento, todo fue como si estuviésemos destinados a conocernos en ese momento y lugar. Luego, se nos dio la oportunidad de estudiar en la misma Universidad, lo que también nos unió más como pareja y nos permitió continuar juntos. Ya saben, a veces la distancia puede empañar las relaciones. —¿Es tu primer amor? —pregunta Amanda. —Lo es —Samanta asiente con la cabeza, mostrándose muy decidida—, y a riesgo de sonar cursi, les puedo decir que Franco y yo somos almas gemelas. Algo dentro de mí se remueve al escuchar hablar a esta chica de ese modo, tan apasionada y dejando en evidencia lo mucho que ama a su novio. —Guau, creo que realmente es una novela digna de Netflix —digo con una sonrisa tímida. —Le diré a Franco que vendamos nuestra historia y como cortesía les daré a ustedes boletos VIP para el estreno —me guiña un ojo. Nos reímos ante su ocurrencia y luego se hace el silencio entre nosotras, pero no es un silencio incómodo. Samanta me parece una chica muy simpática y agradable. Al parecer, después de todo, terminaré agradeciendo que Franco le lanzara una pelota a Amanda, porque de no ser así, no estaríamos aquí ahora compartiendo con ellos. —Mierda… Salgo de mis pensamientos al escuchar a Amanda maldecir a mi lado. De inmediato sigo el trayecto de su mirada y puedo ver como Hazel entra al antro rodeado de varias chicas, muy guapas cabe aclarar. Amanda arruga las cejas y puedo notar la molestia en su rostro. —¿Qué pasa? —pregunta Samanta, buscando con la mirada el origen de la actitud de mi mejor amiga. —Mi novio acaba de llegar —explica Amanda—, muy bien acompañado, por cierto. —Vale, ¿Hazel es tu novio? —cuestiona Samanta con asombro. Ella me da una mirada extraña y me siento confundida, por lo que solo me limito a asentir en confirmación. —Sí, es mi novio. ¿Lo conoces? —Amanda bufa y no deja de mirar a Hazel en ningún momento, siguiendo su trayectoria con la mirada. Noto algo extraño en la actitud de Samanta, pero lo paso por alto. Franco llega hasta nosotras y se sienta nuevamente al lado de su novia. —¿Cómo va todo? —pregunta el chico. —Todo bien, cariño —responde Samanta—. Entonces, ¿qué pasa con él? Amanda despega sus ojos de Hazel y vuelve a nosotras. Puedo ver su mirada apenada y triste, lo que realmente odio. Hazel es un imbécil. —Se suponía que hoy estaba muy ocupado, ahora veo su ocupación real —farfulla mi mejor amiga. Franco nos observa con confusión, sin entender nada. —Te daré un consejo que nadie me pidió —dice Samanta con una sonrisa. Toma la mano de Amanda entre las suyas, mostrándose amable—. No debes cuidar que él no te engañe con otra chica, lo que debes cuidar es darle tu corazón a alguien que tu sabes que puede engañarte. Las palabras de Samanta quedan flotando en el aire y creo que tiene toda la razón. Es cierto, realmente uno no puede cuidar que tu pareja te engañe o no, es ridículo. —Amor propio —digo. Amanda nos mira a ambas y luego sonríe. —Es cierto —reconoce. Samanta se coloca de pie y toma la mano de Franco. —Vamos, hay que disfrutar. Ambos se van a la pista de baile, dejándonos a Amanda y a mí a solas. Tomo la mano de mi amiga y le sonrío. —¿Quieres ir a saludar? —pregunto. Ella me mira y luego de pensarlo, niega con la cabeza. —No, esta noche es nuestra —asiente con la cabeza—, luego arreglo todo con Hazel. La mesera se acerca a nosotras y deja una ronda de cervezas sobre la mesa. Amanda me mira fijamente y me guiña un ojo. Llevo el vaso frente a mí hasta mis labios y le doy un gran sorbo, absorbiendo y disfrutando la amargura del trago.   Minutos después, Amanda y yo comenzamos a disfrutar de nuestras cervezas, entre risas y comentarios divertidos. Samanta y Franco se nos acercan nuevamente y comienzan a beber sus tragos. Franco nos tira un comentario divertido respecto a cómo Amanda toma su cerveza y ella le da un leve empujón, para molestarlo. Todos nos reímos, hasta que nos vemos interrumpidos. —¿Quién mierda eres y por qué estás coqueteando con mi chica? Mierda.             
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD