–¡Cuidado, cuidado! –Gritaba yo a mi portero y otro vecino que ayudaron a meter a Oliver al edificio y después al ascensor. –Tranquilízate, Yvana, solo es un disparo en el hombro. –Me dijo sudando frío. –¡Yvana, ¿qué fue eso?! –Me gritó Alex cuando se abrió la puerta del ascensor y vio la escena. –Llama al doctor del piso de arriba, Alex. –Me miró todavía interrogante. –¡Hazlo! –Abrí la puerta del apartamento de un golpe y ayudé a que entráramos con él den brazos. Mucha sangre salía y rodaba por su brazo izquierdo y su pecho. –¿Cómo pudo pasar esto? ¿Cómo? –Tranquila, pudiste ser tú, Yvana. Yo soy fuerte y... y... –Ahí se desvaneció, por completo. Cayó entre los brazos de mi portero y mi vecino como un saco y ellos tuvieron problemas para sostenerlo antes de llegar al mueble. –¡Oliver

