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El arrepentimiento del ceo ¡Quiero a mi esposa de vuelta!

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Blurb

Adrián y Elena han estado casado por cinco años. Pero en todo este tiempo el jamás la noto. Elena no era mas que un adorno dentro de una jaula de oro. Mas interesado en el trabajo y su asistente siempre merodeando alrededor de el era inconsciente de la realidad. La estaba perdiendo. Y no se dio cuenta hasta que llego la palabra.

—Quiero el divorcio.

Pero ¿era tarde? ¿Cómo retener a alguien que ha decidido dejarte

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Capitulo 1: El Eco en el Palacio Cristal
El ático de dos pisos en la zona más exclusiva de la ciudad era una obra maestra del diseño moderno. Cristal, mármol italiano y obras de arte minimalistas llenaban los espacios. Pero para Elena, solo era una caja de cristal muy cara y muy silenciosa. Eran las 11:30 de la noche. Elena estaba sentada en la inmensa mesa del comedor, vestida con un diseño de seda azul medianoche que realzaba su figura esbelta. El maquillaje seguía intacto, pero la luz en sus ojos castaños se había apagado hacía horas. En el centro de la mesa, un elaborado arreglo de orquídeas blancas presidía una cena para dos que ya estaba fría. Era su quinto aniversario de bodas. O, mejor dicho, había sido su quinto aniversario de bodas. El sonido del ascensor privado llegando directamente al ático rompió el silencio. Elena no se movió. Escuchó los pasos familiares y firmes sobre el suelo de mármol. Adrián Thorne entró en el comedor. Incluso al final de un día de catorce horas, se veía impecablemente intimidante. Su traje gris estaba sin arrugas, su cabello oscuro perfectamente peinado, pero su expresión era de pura frustración. No miraba a su esposa; miraba la pantalla de su teléfono. —... No me importa si es medianoche en Londres, Chloe. Necesito ese informe de fusión en mi escritorio antes de que despegue mi vuelo a las 6:00 a.m. Si el departamento legal tiene dudas, diles que me llamen directamente. Sí, gracias. Adrián colgó y finalmente levantó la vista, deteniéndose a unos metros de la mesa. Pareció genuinamente sorprendido de ver a Elena allí. —¿Elena? ¿Qué haces despierta a esta hora? Su voz era fría, directa, la misma voz que usaba para cerrar tratos de mil millones de dólares. No había rastro de calidez, no había rastro del hombre con el que ella se había casado cinco años atrás. Elena bajó la vista hacia su plato sin tocar. —¿Sabes qué día es hoy, Adrián? Él frunció el ceño, una arruga apareciendo entre sus cejas oscuras. Consultó su reloj de pulsera Patek Philippe, no para verificar la fecha, sino por costumbre de negocios. —Es jueves. Tengo una semana terrible, Elena. ¿Qué es esto? —dijo, haciendo un gesto vago hacia la mesa preparada con esmero. —Es nuestro quinto aniversario. El silencio que siguió fue denso y opresivo. Adrián se quedó helado. Por una fracción de segundo, Elena vio un destello de algo parecido a la culpa en sus ojos azules, pero desapareció tan rápido como había llegado, reemplazado por la irritación. —Maldita sea —susurró, pasando una mano por su cabello—. Se me pasó por completo. El trato con los asiáticos se complicó y... No terminó la frase. Antes de que pudiera disculparse, o incluso inventar una excusa convincente, su teléfono vibró de nuevo. El nombre "Chloe (Asistente Personal)" brilló en la pantalla. Adrián no dudó. Lo tomó inmediatamente. —¿Chloe? Dime que tienes el informe. ¿Qué? ¿El abogado principal está poniendo trabas? Ponme en espera, voy a mi despacho ahora mismo. Elena observó cómo su esposo, el hombre con el que compartía su vida pero no su tiempo, se daba la vuelta y comenzaba a caminar hacia su despacho en casa, olvidando por completo la conversación que acababan de tener. —Adrián. Su voz no fue fuerte, pero tuvo una cualidad metálica y final que lo hizo detenerse en seco en el umbral del comedor. Se volvió lentamente, la impaciencia escrita en cada línea de su rostro. —Elena, de verdad, esto es importante. Hablaremos mañana. Te compraré algo bonito de Tiffany’s en el aeropuerto, ¿de acuerdo? Él pensaba que el problema era el aniversario olvidado. Pensaba que el problema era la cena fría. Pensaba que el problema era el regalo que Chloe olvidó recordarle que comprara. Elena se puso de pie lenta y elegantemente. El vestido de seda azul ondeó a su alrededor. Se quitó el anillo de bodas, una banda de diamantes perfecta y fría, y lo colocó suavemente sobre la mesa de mármol, justo al lado de las orquídeas blancas que ahora parecían flores de funeral. —No quiero un regalo de Tiffany’s, Adrián. No quiero esta cena. Y ya no quiero esperar a que recuerdes que existo. Adrián frunció el ceño, la confusión mezclándose con la irritación. El teléfono en su mano seguía vibrando con la llamada en espera de Chloe. —¿De qué estás hablando, Elena? Estás siendo dramática. Ella lo miró fijamente, y por primera vez en años, no sintió dolor, ni soledad, ni esperanza. Solo sintió una inmensa y liberadora vacuidad. —Quiero el divorcio.

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