— Buenas tardes — saludó un hombre de seguridad — ¿Tiene cita? Si no es así lamento tener que pedirle que va a tener que regresar por donde vino. — No tengo cita pero el señor Monterrubio va a querer recibirme, dígale que soy Giselle, que necesito hablar con él. — Por favor — agregué — dígale al señor Monterrubio que es importante que nos reciba cuanto antes. El hombre accedió a llamar, una vez que anunció a mamá, las rejas de la mansión fueron abiertas de par en par. No habíamos entrado cuando miré a una señora salir, ella se miraba sumamente ansiosa, sus labios temblaban y podía jurar que deseaba tirarse al carro para vernos. — Ya es momento de bajar — dijo Marcus — una vez que ustedes salgan de aquí quiero que me llamen para venir a traerlas. — ¿Acaso no te vas a quedar? — pregunté

