6: Palabras malinterpretadas

1062 Words
— ¿Con quién estás Paige? Pensé que te encontrabas sola. — Con nadie solamente es el vecino, es un escándaloso de primera categoría, pero bueno, al menos es buena persona, mamá te tengo que dejar, iré a ducharme. — Muy bien, cuídate Paige, y háblame más seguido. — Si mamá, tú también puedes llamarme, siempre tendré tiempo para ti, o al menos trataré de organizarme para que así sea. Colgué y fui a ver qué ocurría, no podía dejar a mamá tan de repente ya que levantaría sospechas, al ir a verlo, lo encontré en un rincón, estaba asustado. — ¿Qué ocurre? — Ahí en la mesita — señaló temeroso y con la mano temblorosa — mire lo que hay. Al mirar la mesita estaba una libélula, ¿En serio le tiene miedo a estos animales tan pequeños? Caminé hacia donde estaba, entonces la tomé con mucho cuidado. — ¿Qué hace? Tenga cuidado, no vaya a ser que le haga algo. — ¿Qué no mira? La estoy tomando, parece inofensiva así que dudo mucho que me haga algo, ¿En serio le tiene miedo? — No — dijo con una valía falsa, se notaba a leguas — solo que me gusta ser precavido. — ¿Es en serio? — le pregunté sarcásticamente — porque por el grito que dio y por el estado en el que lo encontré, juraría que le tiene pavor a este animalito. — Si, prefiero no arriesgarme. Me acerque con la libélula hacia donde estaba, entonces se la acerque lo suficiente para que admitiera que mentía, se puso aterrorizado, tanto que se desmayó. — ¡Hey, despierte! Por más que lo movía no despertaba, tome a la libélula y la libere, entonces me acerque a él para tratar de despertarlo, luego de unos minutos abrió los ojos, lo primero que miro fue mi mano moviéndose de un lado hacia el otro. — ¿Se siente bien? — Si, ¿En donde está la libélula? — No se preocupe, ya la libere, y disculpe por el mal rato que lo hice pasar, pero no tenía idea de que les tuviera tanta fobia, al menos lo hubiera admitido. — No me gusta decir mis temores. — No entiendo porque, es lo más normal que lo tengamos. — ¿Usted a qué le teme? — Bien, se lo diré, pero no se ría — él lo prometió — ¿Promesa de meñique? — ¿Cómo? Tome mi meñique y lo junte con el de él, entonces le dije que lo prometiera y lo hizo, sonrió al ver esto, demonios, ¿Hasta cuándo va a dejar de hacerlo? — Bien, le tengo fobia a las cucarachas, aunque no lo crea — él me miró y no dijo nada, fue un alivio para mí — usted es la segunda persona que sabe esto, no me gusta decirlo por temor a que los demás se rían de mí. — ¿Quién más lo sabe? — Mi mamá, es la única persona que me conoce mejor que nadie y sobre todo me acepta con la locura que me caracteriza. — No le veo nada de malo a eso, cada quién tiene sus temores por algún motivo. — ¿Usted por qué le tiene fobia a las libélulas? — Porque de pequeño pensaba que me iban a picar, como las abejas, entonces a raíz de eso es que les tengo fobia, ¿Y usted? ¿Por qué le tiene miedo a las cucarachas? — ¿Acaso bromea? Esos seres son asquerosos, si ya de por sí me dan miedo las normales, cuando las veo volar me dan pavor. Cassandra me llamó para cancelar la salida, ninguna se había dado cuenta que mañana tendríamos que trabajar así que al final dejamos todo para el fin de semana. Los dos conversamos por un buen rato de la infancia que tuvimos, él pasó por momentos realmente difíciles, quién diría que alguien de su nivel social, alguna vez tuvo problemas económicos. Luego cada uno se fue a dormir, pero, mientras dormíamos pude escucharlo agitado, entonces me desperté, al verlo se notaba que tenía una pesadilla, me levanté de mi cama para despertarlo, lo moví fuertemente, se despertó asustado. — ¿Se encuentra bien? — él asintió y me agradeció — ¿Desea que le traiga algo para tomar? — No es necesario. Decidí regresar a la cama, podía escucharlo dando vueltas de un lado hacia el otro, haciendo imposible que pudiera conciliar el sueño, entonces encendí la luz nuevamente. — ¿Ocurre algo? — Eso es lo que yo tengo que preguntar, ¿Ocurre algo?, no puedo dormir con tanto movimiento que tiene. — Es que tengo insomnio, no es mi intención desvelarla — él tomó su sábana y una almohada — iré a dormir al sofá de la sala, para no mortificar. — No es necesario que haga eso, hay soluciones para que pueda dormir, sin necesidad de ir a dormir a la incomodidad de la sala. — Sinceramente no encuentro una sola solución. — Espere, que buscaré algo para hacerlo dormir. Marcus Ella se levantó de la cama y empezó a buscar entre sus cosas, me preguntaba que estaba buscando, después de unos minutos ella se alegró. — ¡Aquí está! Con esto podrá dormir. Tenía el bate de metal en sus manos, me puse pálido y salí corriendo del cuarto, pero ella me siguió. — ¿Pero por qué se corre? Con esto podrá dormir plácidamente... — Por favor no me dé con ese bate nuevamente, apenas me estoy recuperando del primer golpe, le prometo que no haré ruido. — ¿De qué habla? — Del bate de metal que sostiene en sus manos. — Oh — rió nerviosamente — disculpe, pero creo que me entendió mal, no pienso darle con este bate nuevamente — ella puso el bate entonces se acercó a mí, mostrándome un pequeño frasco redondo — esto siempre me ayuda a dormir cuando tengo insomnio, estoy segura que también a usted le ayudará, ahora vamos a la habitación. Más tranquilo acepté ir al cuarto, una vez dentro me coloque en el colchón inflable, ahí ella se sentó de rodillas y abrió el frasco. — Cierre los ojos y relájese. Le obedecí, entonces pude sentir un olor muy agradable, ella pasó sus manos en mis sentidos, se sentía muy bien…
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