Debido a que no quería bajarse sus pantalones terminé por forzarlo, ambos estábamos en el suelo cuando la puerta se abrió y salió Damon, mientras yo sostenía uno de los testículos de mi jefe.
— Disculpen, no sabía que interrumpía — él se puso rojo — los dejó continuar con lo que hacían.
Damon se fue caminando pero en cierto punto se detuvo, él nos miró sumamente molesto y empezó a caminar mientras sacudía su dedo acusatoriamente.
— ¡Dejen de comportarse como conejos hormonales! No estamos en un buen momento para que se pongan a dar ese tipo de espectáculos.
— Deja de gritar como vieja histérica — tomé la pomada y la embarre en la zona íntima de mi jefe — listo, es una crema cicatrizante que le va a ayudar con lo que pasó más antes.
Fui al baño que era el sitio de donde Damon había salido y me lave las manos, luego de eso salí de la oficina y solo en ese momento me di cuenta lo que había hecho.
— ¡Ay Dios mío! Manosee al jefe — grité a todo pulmón en el amplio piso que por suerte estaba vacío.
Subí al elevador y me encerré en mi cubículo, miraba las manos con las cuales lo había tocado, estaban temblando. Me limpié la cara pero eso solo empeoro todo ya que eran las mismas con las que le había tocado su… Cosita…
— ¡Basta Paige! — me levanté y terminé por golpearme con un estante — ouch, bueno, eso va a ayudar a despejar tu mente. Tengo que hablarle a ella, estoy segura que me puede ayudar.
Mi celular en ese momento comenzó a sonar, al ver el nombre que se reflejaba en la pantalla todos los vellos se me pusieron de punta.
— Cassandra, ¿Eres algún tipo de bruja o yo estoy desarrollando poderes psíquicos? Estaba a punto de llamarte.
— Bueno, algunas mujeres me conocen como bruja. No sé si estás desarrollando poderes psíquicos pero puedo asegurar con total certeza que estás más loca que una cabra, ayer te he visto en la discoteca que frecuentas y estaba por acercarme cuando miré que tu héroe salió a tu defensa, sé muy bien que se trata de Marcus Blackmont pero lo que desconozco es de dónde lo conoces.
— Escucha Cassandra, quería saber si podías venir a la empresa Blackmont. Realmente se necesita de tu ayuda, no importa que sea a la hora de que salgas de tu trabajo.
— Justo por eso te llamaba. La empresa se vino a pique cuando te fuiste, ya casi todos los clientes decidieron que no volverían a contratar los servicios; el escándalo que reventó todo fue cuando la policía llegó y detuvo a varias prostitutas en una despedida de soltero, también llegó una ambulancia porque el abuelo de la novia tuvo un infarto por exceso de pastilla azul.
— Pero qué demonios, en conclusión te has quedado sin trabajo — su respuesta fue afirmativa — ¿Qué fue lo que sucedió con el CEO Carter? A mala hora se tuvo que ir de viaje de negocios.
— Ese hombre se encuentra rabiando, se va unas cuantas semanas fuera y cuando regresa mira que todo se está yendo a pique. El señor polar ha preguntado por ti y bueno, su enojo se fue a un nivel más grande cuando le conté lo sucedido.
— Necesito que vengan y que lo traigas a él, hay una oportunidad para que se salven de ese desempleo, más tú que nadie. Pero necesito al CEO Carter aquí.
Las esperanzas aumentaron, decidí subir para avisarle al señor Blackmont que tenía la solución a sus problemas. Entré en su oficina y esta vez la secretaria pedante no intentó detenerme.
— Señor Blackmont — él se asustó al verme y miré que colocó sus manos en su zona baja — no se preocupe que no he venido por eso, quería decirle que creo que le he conseguido un socio y también nuevo personal.
Mi celular sonó nuevamente y Cassandra me decía que estaba en la planta baja, el señor Blackmont dió la autorización para que la hicieran pasar. Luego de unos minutos ella junto con el CEO Carter llegaron.
— Señor Blackmont, le presento al CEO Carter y a Cassandra. Él es el socio de la compañía en la que trabajaba y ella es mi ex colega además de amiga, ambos son personas de mi entera confianza.
— Un gusto — el CEO Carter le extendió la mano a mi jefe — he venido aquí porque Cassandra me comentó que Paige nos había pedido venir, si me pueden explicar lo que desean.
— CEO Carter, tengo entendido que la compañía en la que era socio se ha ido a la quiebra. En este momento necesitamos de un socio para empezar en el rubro de la organización de eventos.
— Antes que nada déjenme decirle una cosa — el señor Blackmont les hizo tomar asiento — me encuentro envuelto en un escándalo, justo por eso es que mi negocio de bienes inmuebles se me vino abajo, por sugerencia de la señorita Paige es que he decidido incursionar en la planificación de eventos pero no tengo experiencia alguna en esto.
— Realmente su sinceridad es algo que aprecio demasiado, sin embargo podrá comprender que no me voy a arriesgar a que alguien envuelto en escándalos espere que colabore con él. Si he venido hasta acá es porque la señorita Paige se encuentra aquí — él me miró — en estos momentos me encuentro reclutando personal para empezar con mi propia compañía de eventos así que te extiendo a ti una oferta de trabajo ganando mejor que en la otra empresa.
— Paige — el señor Blackmont me miró — toma esa oferta de empleo, la compañía va a cerrar. Te agradezco por haber intentado salvar la empresa pero sin el patrocinio de un socio es algo difícil de lograr, eres una gran persona.
— No, no pienso aceptar su oferta CEO Carter — lo miré impasible — viene a juzgar a alguien por un escándalo que ni siquiera sabe si es culpable o no, sin embargo no se detuvo a pensar en investigar a su antiguo socio que al primer descuido vino a hacer puras zanganadas en la empresa, además de eso salió un acosador de primera categoría que bastó con darle la espalda para que me manoseara. Agradezca que no quise hacer un alboroto por eso porque en todo caso usted estaría igual o peor que el señor Blackmont; no me pienso ir de este sitio debido a que soy alguien agradecida, daré la lucha.
— 5, 4, 3, 2, 1 — Cassandra me miró — y aquí viene el arrepentimiento.
Solo en ese momento pude pensar en lo que le había dicho al CEO Carter, tal como Cassandra había dicho, el arrepentimiento llegó a mí y en el momento que me iba a disculpar fue que él alzó su mano.
— ¿Se arrepiente de todo lo que dijo? — pensé pero negué — muy bien, me alegra saber que mantiene su palabra. Lo he pensado mejor y la señorita Paige tiene razón, si ella es capaz de defenderlo de tal forma es porque se trata de una persona decente. Dígale al contador que me dé el número de cuenta para hacer el depósito y comenzar con los preparativos.
— ¡Si! — me di la vuelta y abracé al señor Blackmont y él me sostuvo de la cintura — yo sabía que se iba a poder, era cosa de tener un poco de fe y que mi inconsciente hablará.
El señor Blackmont me dió la vuelta y me reí, me sentía contenta al saber que le había ayudado en el desastre que esa mujer había hecho.
— Aún estamos aquí — Cassandra aclaró su garganta — también necesito saber si voy a tener empleo aquí, en caso de que no sea así pues mejor empiezo a buscar trabajo en otro lado.
— ¡Claro! — me aparté del señor Blackmont — eres muy buena en lo que haces y dejarte ir sería un error, aunque no me encuentro en la posición de asegurar eso.
— Todo lo que está diciendo la señorita Paige es como si yo lo dijera, cualquiera que sea de su confianza y quiera trabajar aquí es bienvenido — él me miró — a usted no la voy a tener sacando copias, vendrá al piso superior y será mi mano derecha.
Me sentía contenta al saber esto, Cassandra me invitó a salir en la noche y accedí a hacerlo. Al finalizar la jornada me fui con el señor Blackmont al apartamento. Entre a la habitación y me acosté en mi cama, estaba cansada, sin sentirlo me quedé dormida, al despertar estaba cobijada, de seguro que él lo hizo, me levanté para buscar mi comida, tenía hambre, al salir pude verlo leyendo.
— Le tengo que agradecer lo que ha hecho el día de hoy, si no hubiera sido por usted creo que muchas personas hubiesen quedado desempleadas. Quién diría que aquella mujer que por poco me mata terminaría siendo mi salvación.
— No sé si eso es un halago o un insulto — reí nerviosa — bien, voy a salir así que iré a vestirme pero antes llamaré a mamá.
tenía días que no hablaba con mamá así que decidí marcarle ya que necesitaba reiniciar mi vida y eso solamente lo lograba al hablar con ella. Después de unos repiques finalmente contestó, se escuchaba preocupada, pero a la misma vez aliviada.
— Hija — ella dijo con preocupación y amor — ¿Por qué no me llamaste?
— Lo lamento mamá pero no había tenido tiempo. ¿Sabes? Ya encontré un trabajo y ocuparé el mismo puesto de siempre.
Hablé con mamá por un rato, le expliqué que estaba de prueba solamente y ella me aseguro que me iba a quedar ya que tenía mucho talento. Estábamos conversando cuando de repente escuché un grito, era el señor Blackmont…