No fui la única sorprendida, él también me miró directamente y todos lo notaron. Baje mi cabeza de inmediato y empecé a mover mis pies en continúo frenesí.
— Sé muy bien que la empresa se encuentra atravesando por una gran crisis, les agradezco mucho la fidelidad que me han tenido y les prometo que daré lo mejor de mí para sacar adelante este negocio. Nuevos integrantes se van a incorporar en las próximas fechas, si conocen a alguien que necesite empleo haganle saber que son bienvenidos a esta gran familia.
Todos se dispersaron y me fui a mi centro de trabajo, era la chica de las copias, miré varios documentos de los cuáles todos salían en números rojos y bajas significativas.
— ¡Deja de ver lo que no te importa! — la mujer me gritó despectivamente — más bien apresúrate en tu trabajo que para eso te pagan.
— Es cierto que para eso me pagan, pero en mi salario no se encuentra incluído aguantar sus majaderías. Le recuerdo que así como soy empleada, usted también lo es.
Le di los documentos y se fue en completo silencio, tuve que ir un momento al baño. Iba corriendo pero para mi mala suerte terminé resbalando debido a esos tacones infernales, pero claro, no podía caerme sola sino que me lleve a alguien en medio de las patas y el tacón del stiletto terminó por enterrarse en su entrepierna.
— ¡Jefe! — lo miré palidecer — por un demonio, ¿Se encuentra usted bien? Pero que tonta que soy, claro que no, no está bien, le di en sus cositas.
Él se puso de lado mientras colocaba sus manos en esa zona y apretaba las piernas, todos se quedaron mudos al ver la escena. Luego de unos minutos pudo sentirse mejor y se levantó.
— Necesitamos hablar y no es acerca del trabajo, ven conmigo a mi oficina.
No podía decirle que no, ya que sentía que era como si desobedeciera una orden. Subimos al elevador y las personas por decidieron dejarnos a solas, llegamos al último piso de este edificio tan imponente, ambos estuvimos delante oficina ahí decía CEO, la puerta era algo modesta, pero a pesar de esto, irradiaba una elegancia indudable, después de todo se trataba del jefe de jefes.
— Entra — él abrió la puerta y extendió su mano.
Entré a la oficina, un amplio escritorio de cristal y una silla de cuero café se encontraba en el piso que era de mármol. Mi compañero de piso se sentó en el puesto de jefe y yo no me atrevía a dar un paso más, estaba en el medio del enorme suelo y veía mi reflejo.
— Quiero que te acerques, no me veo hablando contigo si estás tan lejos. Además no quiero que los demás se enteren de lo que te quiero decir.
Me acerqué, tenía las manos juntas ya que esto me daba cierta tranquilidad. Me senté al borde de la silla y miré al jefe.
— Mira, en estos momentos no me encuentro muy bien que digamos. Hay muchos aspectos de mi vida que tú desconoces y aunque quisiera decirlos me da temor que reacciones mal.
— Escuché, hoy en día hay algo llamado internet. Si quiero averiguar lo que está sucediendo en su vida en estos momentos, puedo poner su nombre en el buscador y ahí me saldrán hasta los pecados que no ha cometido, entiendo que no confía en mí ya que apenas nos conocemos pero al menos creo tener el derecho de saber las cosas ya que formó parte de su vida y probablemente me vea perjudicada.
— Tienes razón, escucha, yo…
La puerta fue abierta y entró el abogado del día anterior, él se veía hecho una furia, en el momento que me miró con la identificación de la empresa por poco se vuelve loco.
— ¡¿En qué pensabas al momento de hacer ese escándalo en el bar?! De milagro los tipos esos no han puesto otra demanda, esa mujer — él me señaló — ella está arruinando todo, te cambias de piso hoy mismo y punto final.
— Esa mujer tiene su nombre — tomé su dedo y lo doble — además a mi no me señale, ¿Acaso no le han enseñado que es de mala educación hacer eso? Pues bueno, se lo digo yo.
— Tengo todo el derecho de estar escandalizado, Marcus en este momento se encuentra en serios problemas y tú vienes a sumarle uno más. La prensa ya te miró y a ti se te ocurre la genial idea de regresar a trabajar cuando te dije que no podías hacerlo.
— ¡Estoy cansado de esconderme! Paige dijo algo muy cierto el día de ayer, no hice nada malo y lo sabes bien. Lo que Lorelei me está haciendo es injusto, se supone que con la cantidad de dinero que le había dado era suficiente para que se detuviera de toda esta locura que se inventó.
— ¿De qué demonios están hablando? Les agradecería mucho que tuvieran la bondad de explicarme ya que al parecer estoy involucrada en algo muy delicado.
— Escucha Paige, me mudé al edificio porque mi ex novia me acusó de maltrato. Fui a prisión pero se llegó a un arreglo, ella levantó la denuncia sin embargo al final mi reputación quedó arruinada ya que Lorelei publicó lo que le había hecho.
— ¿Y no la puedes demandar por injurias y calumnias? Se supone que eso es lo que procede ante esto.
— No es tan fácil, ante los ojos de los demás soy culpable, nadie me quiere creer que se autolesiono para después echarme la culpa. Los vídeos del circuito cerrado fueron eliminados y no hay forma que se pueda recuperar, ya hemos visitado a muchos técnicos que al final solo nos dicen que no se puede.
— Lo lamento, espero que las cosas pronto se puedan resolver. No te preocupes que creo en usted y en su inocencia, hay mucha loca psiquiátrica allá afuera y lo peor es que a veces los demás piensan que están cuerdas.
— Gracias, realmente necesitaba que creyera en mí — él me sonrió lleno de gratitud — tiene las palabras necesarias en el momento necesario — su vista se posó en su abogado — lo lamento demasiado pero no pienso salirme del apartamento en el que me encuentro, la economía de la empresa no está en óptimas condiciones y me temo que al paso que vamos no podremos salir adelante e incluso declararnos en bancarrota. Estuve pensando en vender mis propiedades para inyectarle dinero a la empresa, sin embargo de nada sirve hacerlo si al final no vamos a tener clientes, lo mejor es que los apartamentos que tenemos en venta se rematan a mitad de precio y así poder sustentar la planilla del mes, ya nos hemos quedado incluso sin arquitectos e ingenieros.
— Entonces la empresa Blackmont se dedica a bienes raíces — él asintió y me quedé pensativa — ¿Y por qué no cambia su rumbo? Yo antes trabajaba en una empresa que se dedica a la organización de eventos, créame que es un negocio bastante rentable.
— Lo había considerado pero los proveedores son muy costosos, tenemos un centro de eventos muy grande que podría servir para organizar todo sin embargo el costo es muy elevado.
— Me puede mostrar los costos, así yo le podré guiar. No me quiero quedar sin empleo en el primer mes.
La mujer que me trató mal fue llamada, en el momento que el señor Blackmont le ordenó que me diera los documentos pude ver que estaba enojada. Ella lo hizo de mala gana y al final tuve que arrancarle los papeles de las manos.
— El problema es que se fueron a sitios reconocidos — le di la vuelta a la siguiente página — hay personas que ofrecen la misma calidad por un precio más bajo, son los productores de estás grandes empresas. Tengo mis contactos, creo que es una buena idea que venda esos apartamentos y nos dediquemos al rubro de los eventos.
— Pero tengo que pagar la planilla de los empleados, antes de que me pregunte le digo que el banco no me quiere dar ningún préstamo debido al escándalo con Lorelei.
— ¿Ha pensado en conseguir un socio? Es una muy buena idea.
— Nadie quiere hacer negocios conmigo, el piso que alquilé también fue por ese motivo y por el hecho de que me necesitaba ocultar de mi ex.
— Déjeme hacer algunas llamadas, tenga por seguro que lo voy a ayudar lo más que se pueda. Ya no se deprima, recuerde que no hay un anochecer sin un amanecer.
Me fui de la oficina del gran jefe y en lo que iba caminando en mi cubículo fue que recordé lo que me había traído aquí, ese pobre hombre tenía una patada en su zona sensible. Bajé a mi zona de trabajo y luego de sacar una pomada de mi bolso fue que regresé sobre los mismos pasos.
— Disculpe jefe — entré en su oficina ignorando los gritos de la secretaria — tengo otra cosa que hablar con usted, a solas si se puede.
Una vez que él asintió fue que la secretaria se marchó y cerré la puerta en sus narices me acerqué entonces puse la pomada en el escritorio elegante.
— Quiero que se baje los pantalones — él palideció — no es ninguna broma, pude sentir que mi tacón se clavó en tu zona íntima y necesito poner esta pomada para evitar que las cosas se pongan feas.
— No es necesario — miré que se puso las manos ahí — se puede ir a trabajar, además tengo cosas que hacer…