bc

Destinada a un ser Oscuro

book_age18+
2
FOLLOW
1K
READ
dark
forced
curse
werewolves
mythology
pack
magical world
like
intro-logo
Blurb

Thalia Mercer ha vivido toda su vida entre el miedo y el dolor, atrapada en una casa donde aprendió que sobrevivir significaba soportarlo todo. Cuando su propio padre la entrega para saldar una deuda, cree que ha tocado fondo, aferrándose a la idea de que un matrimonio con un desconocido podría ser su única salida. Pero lo que parecía una nueva oportunidad pronto se revela como algo mucho peor.

El hombre que debía convertirse en su esposo nunca tuvo intención de protegerla, porque su verdadero destino era otro, ser vendida a un Alfa cuyo corazón es tan oscuro como el mundo al que ahora pertenece.

chap-preview
Free preview
Capítulo 1 POV Thalia
No recuerdo cuando empecé a contar los pasos, pero sí recuerdo el momento en que entendí que ese sonido podía decidir cómo terminaría mi día. El eco de sus zapatos avanzando por el pasillo no era solo ruido, era una advertencia que mi cuerpo aprendió a reconocer antes que mi mente, como si cada paso llevara consigo una posibilidad distinta, hambre, castigo, indiferencia y, en ocasiones, un silencio tan pesado que resultaba peor que cualquier golpe. Ahora los cuento sin pensar, como si hacerlo me diera una ilusión de control sobre algo que jamás he podido controlar realmente. Uno… dos… tres… Me encojo contra la pared antes de que aparezca, abrazándome con fuerza, intentando ocupar menos espacio, como si eso pudiera volverme invisible, como si desaparecer fuera una opción que aún me quedara. —¿Dónde estás? Su voz atraviesa la casa con la misma frialdad de siempre, sin necesidad de elevarse, sin necesidad de esforzarse para hacerme temblar. No respondo de inmediato. Aprendí con el tiempo que contestar demasiado rápido lo irrita, pero hacerlo demasiado tarde lo enfurece, y entre esas dos posibilidades solo existe un punto exacto que rara vez logro alcanzar. Respiro hondo, contando en silencio, esperando ese instante preciso que podría salvarme de lo peor. —Aquí estoy —respondo finalmente, en un susurro que apenas me pertenece. La puerta se abre con un golpe que hace vibrar las paredes, y su figura llena el espacio como si la luz misma retrocediera para dejarle paso. Héctor Mercer, mi padre. Su mirada se posa en mí y siento, como siempre, que no me está viendo realmente, sino que está mirando algo más, algo que detesta, algo que no puede borrar sin importar cuánto lo intente. —Te ordené algo —dice mientras avanza, y cada paso suyo reduce el aire que me rodea. No sé qué fue lo que pidió. —Lo siento —respondo, porque es lo único que siempre funciona, aunque nunca sea suficiente. Sus dedos se clavan en mi mentón con fuerza, obligándome a alzar el rostro, y cuando la luz me golpea directamente siento cómo el lado izquierdo de mi visión se distorsiona, como si el mundo se partiera en dos versiones que no logran encajar del todo. Parpadeo varias veces, intentando enfocar, pero la sombra permanece, persistente, como un recordatorio de todo lo que ya no funciona en mí. —Mírame cuando te hablo —exige. Lo intento, de verdad lo intento, pero mis ojos no responden como deberían, me dejo parcialmente ciega de una de las tantas palizas que siempre me da. —No me sirves si ni siquiera puedes obedecer algo tan simple —escupe con desprecio. El golpe llega antes de que pueda prepararme, y aunque mi cuerpo ya reconoce ese movimiento, nunca deja de doler, mi cabeza gira con la fuerza del impacto y el sonido en mis oídos se convierte en un zumbido constante que me desorienta por completo. Pierdo el equilibrio y caigo al suelo, sintiendo el impacto recorrerme desde las manos hasta el pecho, como si cada parte de mí recordara que no tiene permitido resistirse. —Recoge eso —ordena sin mirarme siquiera. Tardo un instante en entender a qué se refiere, hasta que bajo la mirada y veo el plato roto que se cayó junto conmigo, esparcido a mi alrededor, como si fuera solo otra cosa más que necesita ser arreglada. Me inclino con cuidado, recogiendo los pedazos uno por uno, ignorando el dolor que me provoca el vidrio al cortar mi piel, porque detenerme no es una opción y porque sé que mi sangre no es algo que vaya a preocuparle. —Siempre igual —murmura, con una mezcla de fastidio y desprecio—, siempre tan débil. Mis manos no se detienen, aunque cada movimiento se vuelve más torpe a medida que la sangre resbala entre mis dedos. —Eres una inútil. Debiste morir tú y no tu madre. La frase logra lo que nada más puede hacer. Mi mano se detiene en el aire, no porque me sorprenda, sino porque nunca deja de doler, porque hay heridas que no cicatrizan sin importar cuánto tiempo pase. Cierro los ojos un segundo, y aquello molesta aun más a mi padre. —Limpia eso —dice al notar las gotas de sangre en el suelo, como si aquello fueran una falta imperdonable. Asiento sin levantar la mirada, obligándome a ponerme de pie, aunque mi cuerpo proteste con cada movimiento. Camino hasta la cocina con pasos silenciosos, tomando un trapo desgastado que apenas cumple su función, y regreso para borrar cualquier rastro de lo que acaba de ocurrir. Limpio hasta que el suelo vuelve a lucir intacto, hasta que parece que nada sucedió, hasta que la evidencia desaparece como si nunca hubiera existido. —No manches nada —advierte, sin siquiera mirarme. —Sí padre—respondo en voz baja. No digo más, porque decir más nunca ha servido de nada. Cuando se aleja, el silencio vuelve a ocupar la casa, pesado, envolvente, como una presencia constante que nunca se va. Termino de limpiar y me permito sentarme en el suelo, a una distancia prudente, observando cómo enciende la televisión con la misma naturalidad con la que antes me golpeó. “¿Quién quiere ser millonario?” comienza, y su atención se fija en la pantalla como si nada más existiera, como si yo no estuviera ahí, como si mi presencia fuera irrelevante. Me quedo quieta, sin moverme, intentando no hacer ruido, intentando no existir más de lo necesario. Entonces suena el teléfono. El sonido rompe la rutina, y noto el cambio en su postura antes incluso de que conteste. —¿Sí? —dice, y su voz ya no es la misma—. No esperaba tu llamada. No debería escuchar, pero no puedo evitarlo, porque algo en su tono me hace sentir que esto es diferente. —Te dije que iba a pagar —continúa, más bajo—, solo necesito más tiempo. El silencio que sigue es largo, lo suficiente para que mi respiración se vuelva más lenta, más contenida. —No es necesario llegar a eso —añade, y por primera vez noto algo distinto en su voz. No es solo miedo. —Tengo algo mejor —dice después de unos segundos—, algo que te va a interesar más que el dinero. Siento cómo mis manos se tensan sobre mis piernas, como si mi cuerpo ya supiera lo que mi mente aún no quiere aceptar. —Es joven. Mi respiración se detiene. —Y está intacta. El mundo parece quedarse en pausa por un instante. —Te la entrego —concluye—, y la deuda desaparece. El silencio que sigue es definitivo, pesado, como si sellara algo que no tiene vuelta atrás. —Hecho. Cuelga, y la televisión vuelve a llenar el espacio con risas que no pertenecen a este lugar. Quiero preguntar, pero no me atrevo, porque sé que cualquier palabra podría empeorar las cosas. Él no me mira, pero sonríe, y esa sonrisa es suficiente para hacer que el miedo se instale en mi pecho de una forma diferente, más profunda, más difícil de ignorar. —Ven —ordena cuando el programa termina. Me levanto con cuidado, obligando a mi cuerpo a responder, y avanzo hasta detenerme frente a él. El primer golpe me toma por sorpresa, pero el segundo confirma lo que ya sabía esto no ha terminado. Es que simplemente disfruta de lastimarme. No intenta detenerse, y yo no intento defenderme, porque hace tiempo aprendí que eso solo empeora las cosas. Cuando finalmente se detiene, mi cuerpo apenas responde, y el suelo se siente frío contra mi piel. —Vas a hacer algo útil por primera vez en tu vida —dice, observándome como si fuera un objeto—, deberías estar agradecida. No respondo, porque no sé cómo hacerlo, porque nunca hay una respuesta correcta. —A partir del viernes alguien más va a hacerse cargo de ti —continúa, con una calma que resulta más aterradora que sus gritos. Mis dedos se tensan contra el suelo mientras reúno fuerzas para hablar. —¿A dónde voy…? —pregunto, con una voz que apenas logro reconocer como mía. —Te vas a casar —responde sin dudar—, serás su mujer y harás todo lo que él te ordene. Levanto la mirada sin pensar, y en el instante en que nuestras miradas se cruzan sé que cometí un error. El golpe llega de nuevo, más fuerte, más definitivo. —No me mires así —escupe. El mundo comienza a desvanecerse poco a poco, y el dolor se mezcla con algo más difícil de definir, algo que crece en silencio dentro de mí. Cierro los ojos, sintiendo cómo la conciencia se escapa entre mis dedos, y en medio de la oscuridad solo una idea logra mantenerse firme. Esto no puede ser todo. Y justo antes de perderme por completo, una última pregunta atraviesa mi mente, más pesada que el miedo, más fuerte que el dolor: ¿A qué clase de hombre me va entregar mí padre?

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

Unscentable

read
1.9M
bc

He's an Alpha: She doesn't Care

read
732.2K
bc

Claimed by the Biker Giant

read
1.6M
bc

Holiday Hockey Tale: The Icebreaker's Impasse

read
966.8K
bc

A Warrior's Second Chance

read
351.9K
bc

Not just, the Beta

read
344.9K
bc

The Broken Wolf

read
1.1M

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook