Ahora que lo pensaba con más claridad pudo comprender que Leila debió de estar desesperada por encontrar el dinero para pagar la operación de su tía. Fue el comerciante quien la había convencido de que lo engañara. Era muy probable que, al ver lo bonita que era, Nijsted pensara que él le pagaría más a ella por el boceto que si se lo ofrecía un hombre. Sin duda, Nijsted pensaba recibir por lo menos la mitad de lo que él pagara. Haciendo un esfuerzo, el Marqués se dio la vuelta y expresó: –Siento mucho haberla hablado en voz alta, Leila. En ese instante advirtió que la joven se había marchado. Se preguntó si debería buscarla. De pronto, se escuchó un estruendo, el yate se balanceó y él se dio cuenta de que habían colisionado, quizá con una roca. Cuando salió precipitadamente del salón

