Colin. Cinco años después... Hay gritos. Mi cuerpo se tensó de inmediato. Un grito de felicidad por parte de Aiden y un estruendo hacen que me relaje de a poco, ponga una sonrisa automática y estire mi mano al lado derecho de la cama. Fruncí el ceño. Me quedé mirando por al menos unos dos minutos el puesto vacio de mi esposa en la cama con el ceño fruncido. Si algo odiaba, era despertar solo y sin el dulce calor que Julie me daba. Pasaba a menudo, cuando me iba de gira y mi familia se tenía que quedar aquí porque no podían viajar, pero en vacaciones jamás de los jamases despertaba sin mi mujer al lado y se había vuelto casi un miedo perderla de vista en la cama. Me levanté de un salto y fui al patio trasero, donde provenían los gritos. Aiden corría a toda velocidad por el pasto sostenie
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