POV DANTE Jenna bailaba alrededor de una cocina que parecía haber explotado, tarareando alguna que otra canción. Me quedé en la puerta, observándola. Era toda una contradicción con la sirena que ayer mismo me había rogado que la tocara. Esta mujer, con sus diminutos pantalones cortos vaqueros y su camiseta rosa chillón, tenía un aura de inocencia que hacía que me entraran ganas de tocarla, de ensuciarla de nuevo, pero también me daba ganas de evitarla. No tenía nada que hacer en mi mundo, ni yo en el suyo. En lugar de dejarla sola, la llamé: —¿Qué estás haciendo? Levantó la cabeza y, por un segundo, sus ojos mostraron un filo que antes no tenían. Era calculadora. Tal vez había algo más en ella de lo que pensé en un principio. —Mi madre me enseñó a hacer brownies desde cero; hacía

