Querías decirme algo ¿No? ¿Qué era? Tengo el presentimiento que me dirás lo que nunca he esperado, y a su vez, lo que he deseado escuchar desde hace unas semanas, en casa de papá, esa noche de películas. Jamás me detuve en pensar en cómo iba a morir, esas cosas no eran lo mío, en cambio tú Tessa, estabas seducida por la muerte. Te enamoraste del peligro, y eras un imán de problemas, así que no era difícil deducir cual era tu fascinación más oscura. Aun así desde que llegamos a este fantasmal y lluvioso pueblo surgió en mí la necesidad de protegerte, no sabría decirte porque, quizás era ese tenebroso bosque al cual siempre soñabas con perderte y descubrir sus entrañas, quizás era el hecho de que siembre los accidentes te ocurrían a ti, o muy probablemente ese chico extraño de ojos grises, Edmund McAllen.
De alguna manera nos adentramos en un círculo vicioso donde yo te decía lo peligroso que era Edmund y tú solo corrías detrás de él.
Y eso me enoja, sabes lo mucho que me enoja. Te he dicho que te alejaras de él Tessa, pero me ignoraste y me gritaste que no me metiera en tu vida, que no tenía el derecho por ser la menor y tu hermanastra. Que suerte que he ignorado cada cosa que has dicho, porque siendo sincera nunca me ha interesado tu odio irracional hacia mí.
Ya es tarde. Supongo que moriré en esta antigua y polvorienta iglesia -a manos del vampiro que te ha buscado por capricho- en un intento de salvar tu fastidiosa vida.
Lo que tenías para decirme guárdatelo, se lo que saldrá de tu boca.
— Deja de tartamudear y vete. —En un hilo de voz brotó mi última orden, esperaba solo que al momento de haber cerrado los ojos, me hicieras caso por primera vez.