Había una mujer frente a él. Apenas abrió los ojos la vio sentada sobre sus caderas, con el pecho pegado al suyo. Sus ojos negros le absorbían el alma, era hipnotizante y no podía dejar de verlos. Su cabello rojo y ondulado caía por sus hombros seductoramente hasta su pecho y una sonrisa blanca deslumbró dos afilados colmillos. — ¿Por qué estás aquí? Ella pasó sus delgados dedos por el cuello del hombre. —Tú me llamaste. El hombre cerró los ojos brevemente, cuando sintió las caricias de la bella mujer en su cabello n***o. —N-no. Te dije que ya no quiero hacer esto. Solo eres un sueño. Volvió a abrirlos cuando las manos de ella dejaron de tocarlo. La piel alabastro de la pelirroja brilló como un sinfín de diamantes cuando se alzó y la luna llena le ilumino. El hombre suspiró fas

