~ CAPÍTULO 2 ~

2510 Words
Gideon llegó al castillo, con la joven en brazos, empapados por la lluvia. Se apresuró a bajar al área médica, preparando su propia mente para anticipar los movimientos que realizaría para atenderla lo más rápido posible. No pudo evitar enfocarse en los latidos de su débil corazón, lamentándose por no haber llegado antes. —¡Leo, Soren, vengan rápido! —llamó a sus hermanos, dejando lo más delicadamente que pudo a la mujer herida sobre una camilla. —¿Qué? ¿Otra presa? —Apareció el primero tranquilamente, prestando mucha atención a la joven, lo cual extrañamente molestó mucho a Gideon. —No es mi presa, fue presa de alguien más —respondió al terminar de lavarse las manos y preparar todo lo que necesitaría para tratar las heridas de la mujer, comenzando por quitarle las prendas mojadas cubiertas de barro y sangre. —¿De quién? —preguntó curioso, pero su mirada estaba fija en su costado cubierto de sangre. Sangre que desprendía un dulce y atrayente aroma para cualquier vampiro. Mas ese olor en particular era distinto a cualquier otro que Gideon había olido antes. Y eso que ha percibido y probado de todo tipo de sangre. —Cazadores —respondió apresurando sus movimientos para tratar de detener la hemorragia. —¿Cazadores hirieron a una humana? —Su hermano se acercó un poco más al área de trabajo de su hermano mayor, analizando con detenimiento a la joven. Intentó descifrar el motivo de haber sido atacada de esa forma. —Es extraño, lo sé —Gideon trataba de mantenerse calmado, pero ni él comprendía la razón de las distintas sensaciones que recorrían su cuerpo. Comenzando por la preocupación y exasperación por curarla y verla despertar, la extraña necesidad de volver a ver sus ojos brillando con emoción y vida. —¿Trajeron una presa? —Entró el segundo hermano nombrado, Soren, atraído por el fuerte aroma a sangre. —No estaba cazando —respondió el médico con un gruñido exasperado, apurando sus manos procurando ser cuidadoso. Finalmente comenzó a suturar el corte después de asegurarse de detener por completo el sangrado y limpiar bien el área. Ahora, bajo las luces de la sala médica, pudo observar las heridas que tenía en el rostro y su cuerpo, haciéndolo molestar aún más al deducir que el hombre se las había provocado. No se arrepentía de haberle roto el cuello. —¿Quién la atacó de esa manera? —Todos en la sala estaban perplejos, uno mucho más furioso que los demás. No era común que cazadores hirieran humanos, al contrario, uno de sus deberes era precisamente protegerlos de los seres sobrenaturales. Esa era la razón principal por la que desconfiaban y les pareció extraño la llegada de la chica en el estado tan deplorable. —Asumió que nos conocíamos —comentó Gideon mientras se concentraba en hacer las suturas lo más rápido y preciso posible. —Algo no anda bien —escucharon llegar a su hermano menor: Vincent, quien tenía una expresión preocupada y su mirada fija también en la mujer. —Les voy a pedir que salgan, ahora —La petición del mayor sonó más a una órden, dejando a un lado todo el material quirúrgico. Su actitud seria y su comportamiento algo hostil también los dejó perplejos. —No entiendo por qué la curaste si de todos modos nos alimentaremos de ella —Leonard se veía impaciente por proceder a la costumbre que habían implementado antes. Sin embargo, Gideon se les plantó enfrente demostrando su poder jerárquico. —He dado una orden: salgan de aquí y no vuelvan a entrar hasta que yo lo diga —No pudo evitar usar su tono autoritario ante tal situación, tampoco pudo darles una explicación. —¿Por qué? —La voz del hermano faltante, Tobías, apareció en la sala. Retando a su hermano mayor, situación que no era ajena entre los hermanos. —No es alimento —advirtió decidido, intentando protegerla con su cuerpo de sus hermanos hambrientos. —¿Entonces por qué la trajiste? ¿Para torturarnos? —Tobías dió un paso hacia él, no dejándose intimidar como sus otros hermanos que se habían alejado ante su curioso comportamiento. Gideon no pudo controlar sus impulsos. Sus ojos cambiaron de color rápidamente a un oscuro profundo, sus dientes crecieron hasta ser mostrados, advirtiendo a sus hermanos de que va en serio con sus palabras. —No lo volveré a repetir —Su voz autoritaria hizo estremecer a sus hermanos menores, excepto a uno, pero aún así decidieron obedecer ante la extraña reacción nada habitual de su hermano. Abandonaron la sala uno a uno, cada quien teniendo preguntas y cuestionando a su hermano. ¿Qué tenía de especial aquella mujer para evitar ser una fuente de alimento más? Tendrían que averiguarlo después. Una vez que Gideon se aseguró de que se habían ido, comenzó a moverse apresuradamente de nuevo, casi tropezando de lo aturdido que estaba por la cercanía de la mujer. Su esencia, su belleza, su estado, la situación por la que había pasado. Sin embargo, entre todas las emociones que pudieron estar cruzando en su interior, una destacaba: entusiasmo. Si sus hermanos estaban confundidos, él lo estaba más, no encontraba explicaciones de lo que sentía ni pensaba. Todo apareció tan de repente que le costaba asimilarlo. Se concentró en ella, en tratar sus lesiones, procurar limpiarla y cuidarla. No podía pensar en el momento que despertara sin que una corriente apareciera de nuevo como ha estado sucediendo desde que la encontró. Al deshacerse de su ropa rasgada y sucia comenzó a limpiar su cuerpo con una esponja y agua tibia, intentando evitar los pensamientos que aparecían sin avisar sin ser controlados. Después de una intensa lucha interna y un cuidadoso lavado, su cuerpo fue cubierto por ropa limpia y cálida. —No sé quién eres, pero sé que no merecías esto —habló con la joven aún inconsciente. Miraba sus párpados cerrados, su piel tostada, todo de ella le parecía hermoso, sin embargo, cuando sus ojos caían en los moretones y hematomas que adornaban su bello rostro una rabia lo recorría, recordando al cazador a quien había eliminado. Cuando se aseguró de que todo estaba en orden, por fin se dejó caer en un sillón que había acomodado justo al lado de la mujer. Atraído por una fuerza invisible, algo que le ordenaba mantenerse lo más cerca posible, limitado por la conciencia que tenía el hombre sobre el espacio personal. Quería estar ahí para cuando despertara, haciendo una lista mental de preguntas que quisiera hacerle. Desde su nombre hasta cómo llegó a la situación en la que la encontró. Agradeció haber salido esa noche al bosque, últimamente habían sucedido muchas cosas, destacando la repentina ascendencia de humanos heridos en el hospital donde trabajaba, tanto la cantidad como las razones eran inusuales, sin mencionar ciertos patrones que había encontrado entre las víctimas que había atendido. Todos presentaban una baja cantidad de sangre en su organismo. Él, siendo lo que es, sacaba hipótesis de que podrían ser a causa de ataques de seres chupasangre, como él y sus hermanos, lo que lo hacía preguntarse si alguno de sus cuatro hermanos era quien estaba detrás de esos hechos, osando romper las reglas que habían implementado desde su llegada. La situación lo tenía tan abrumado, que decidió salir a despejarse. Y fue cuando la escuchó, la olió y la sintió. Cuando estuvo más tranquilo, se permitió reflexionar sobre lo que pasó en su mente y en su cuerpo. Es verdad que convivía con sangre dado su profesión, pero el fuerte aroma que lo llamó en aquella noche lluviosa era inusual, diferente, y le provocaba el deseo de perder el control por primera vez en mucho tiempo, pero no con la idea de encontrar la fuente y alimentarse de éste. Su cuerpo, casi inconscientemente, se apresuró en su búsqueda, y cuando por fin la encontró, tuvo que actuar. Como reacción, irónicamente, su cuerpo hirvió de tal manera que se volvió incontrolable, salvaje, como en el inicio de su transformación. Hacía tiempo que no luchaba tanto para mantener a su lado salvaje a raya, obligando a su poco lado humano que mantuviera el mayor control. Tan solo de recordar ese momento, volvió a sentir su cuerpo hervir de nuevo, sus colmillos crecieron, extrañándolo por las reacciones de su cuerpo tan impulsivas —¿Qué ocurre? ¿De repente vuelvo a ser un neófito? —Se preguntó llevando sus manos a su rostro. Intentando calmar su furia inhumana. —¿Neófito? —Escucha una voz a su lado. Tobías se acomodó en el espacio vacío al lado de su hermano mayor. —Dije que no volviera a entrar nadie aquí —Dijo el mayor adquiriendo postura defensiva ante su hermano. —Sí, pero sabes que yo no sigo mucho las reglas, y menos las tuyas. —Su indiferencia exasperaba a Gideon. Ha soportado demasiado a su incontrolable hermano. —Ya ni sé por qué lo intento contigo —Cedió ante su actitud, no estando dispuesto a darle la atención que buscaba, decidiendo dársela a la mujer. Observando y escuchando en todo momento el ritmo de su corazón y su respiración tranquila. Al hermano le pareció extraño que se rindieran tan rápido, pero aún así ocultó su sorpresa. —Exactamente, por fin concordamos —Aceptó en tono burlón. Dirigió su mirada también a la mujer. A todos los hermanos le generó curiosidad, y a Tobías no fue la excepción. —Si hubieras visto lo que yo vi, seguro hubieras actuado también —Decidió cambiar el rumbo que la conversación estaba dando, una posible discusión. En verdad quería desahogar esas sensaciones y pensamientos que estaba teniendo. Hasta en eso le estaba afectando. De entre todos los hermanos, Gideon nunca hubiera elegido a Tobías para sincerarse o tener una plática profunda. No significaba que no le tuviera confianza o nada parecido, simplemente no le veía el caso. —Yo… estaba deambulando cuando la escuché. Primero escuché sus gritos de auxilio. Después me llegó una brisa con un fuerte olor a sangre. Pero lo que hizo a mi cuerpo reaccionar fue algo más, algo más fuerte que la propia sangre. No sé cómo describirlo. —Comenzó a relatar. Y extrañamente su hermano le prestaba atención. Miraba cómo sus manos se formaban en puños sobre su regazo, sus pupilas se dilataban y algo en su interior tronaba, indicando tensión por el aparente enojo que expresaba —¿Algo más atrayente que la sangre? —cuestionó el hermano, con una sonrisa burlona sin dejar de lado la sorpresa. —Sí, era algo tan dulce, tan atrayente, tan hipnotizante, que es difícil de explicar por qué era tan poderoso —describió sin despegar su mirada del rostro magullado de la mujer. —¿Ahora mismo lo estás percibiendo? —Tobías se preguntaba si su hermano estaba perdiendo la cordura o algo parecido. Su comportamiento era extraño, comenzando por la negativa a caer en la trampa para molestarlo. Y también se extrañaba de que lo estuviera escuchando por más tiempo de lo habitual. —Sí, ¿tú no lo sientes? —preguntó confundido, girando por unos segundos su mirada para ver a su hermano confundido. —No… —Respondió dudando de la situación. —Pero… ¿proviene de ella? —Cuestionó con curiosidad. —Eso creo. Se hizo más fuerte cuando la tomé en brazos para traerla. También sentí como un choque eléctrico cuando la toqué —agregó recordando la sensación. Una sensación maravillosa a su parecer. —Bueno, sí es extraño. ¿No será algún ser sobrenatural? Dado que fue atacada por un cazador, sus razones tendría —Sus últimas palabras hicieron molestar de nuevo a Gideon. Pero no era enojo hacia su hermano. —Ese… cazador. Sé que no quería asesinarla, sino ¿por qué la estaba llevando consigo? —Intentó enfocarse en la lógica, en las posibles explicaciones de sus acciones, no pudiendo callar tampoco el extraño lado sádico que quería tener la capacidad de revivirlo para poder torturarlo hasta la muerte. —Ves, quizás sabía algo sobre ella. —El aparente entusiasmo de su hermano lo confundió y le hizo dudar sobre sus intenciones. —Y quizás podríamos averiguarlo también. —¿Por qué sigues aquí? —Lo comenzó a interrogar. No le agradaba que le prestara tanta atención ni interés a la mujer. —¿Qué? ¿No puedo convivir con mi hermano favorito? —Intentó parecer tranquilo e inocente, pero no funcionaría con él. Lo conoce demasiado bien. —¿Qué estás diciendo? Tú me detestas —Volvió a su postura defensiva. —Puede que tengas razón. —Aceptó encogiéndose un poco de hombros. —Habla ya —Ordenó comenzando a desesperarse. —No me agrada su presencia. —Dejó de fingir más, mostrando su molestia con la situación. —Sé que traerá problemas. Y no estoy dispuesto a enfrentar a cazadores por una presa. Antes habría pensado lo mismo, habría considerado que tiene razón porque primero iba la protección y bienestar de su familia. Pero su aparición y todo lo que traía con ella parecían haberlo atado, hechizado para protegerla y cuidarla. Hasta enfrentar a cazadores por sí mismo con tal de cumplir esa necesidad que lo obligaba a hacerlo. Definitivamente no estaba pensando racionalmente. —Se tomará una decisión una vez que despierte y pueda argumentar. —De entre tantas respuestas y reacciones, la mayoría tratándose de darle una paliza a su hermano, encontró una pacífica y con sentido. —Estás jugando con fuego. —Negó con la cabeza no creyendo lo que el mayor y líder estaba haciendo. Pero ¿cómo lo entendería? No había comparación con el fuego real. —Pues aléjate, no te vayas a quemar —Lo retó volviendo su necesidad de mantenerlo alejado de la mujer, más aún ahora que ha externalizado su oposición con tenerla en su casa. —No digas que no te lo advertí —respondió levantándose del sillón, dándole una última mirada a la mujer. Se encargaría de investigar hasta lo más insignificante de ella. —Yo te advierto a ti —Gideon se levantó de un salto para volver a enfrentar a su hermano—, mantente alejado de ella —Se esforzó demasiado por mantener la calma usando la poca paciencia que le quedaba del día. —Sí, sí, quédate con tu presa —Se dirigió a la salida, burlándose del mayor, sabiendo que había logrado su cometido. Gideon soltó un gran suspiro una vez estuvo solo. En verdad no sabía cómo había llegado a tener ese tipo de relación tan tensa y conflictiva con su hermano. Había llegado a tener varias teorías después de tanto tiempo de reflexión, pero no había podido llegar a afirmar ninguna. Y ahora temía que su relación de hermanos afectara la situación con la mujer. No sabía si era capaz de hacer algo contra ella. Pero sí sabía que, aunque le doliera pensarlo, estaba dispuesto a ir contra su propio hermano por ella. Por esa extraña, pero hermosa, mujer.
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