Te necesito (18+) (Él)

951 Words
Episodio 11: Te necesito ( 18+) (Él) - Mi gitana, ¿Qué dices? ¿Y Marcos?- Me separé de inmediato tratando de controlar a mi amigo que quería romper mi pantalón. Me contestó con un tono de vergüenza. -Nada, para él era como un accesorio. Pensándolo bien, una mascota. - La miré incrédulo. Me perdí en ella. Es virgen y yo estoy cometiendo un error. Esto se acabaría en dos días. Dos putos días y yo siento que me estaba enamorando como nunca. No podía, no... De momento sentí sus manos en mi barbilla y un beso tierno en mis labios. - Si quiero estar eontigo esta noche de Luna llena. Quiero que seas el primero. - - Yo… yoo, quiero darme una oportunidad. - Me levanté de inmediato sin terminar de explicarle o explicarme a mí mismo estas últimas palabras. La tomé en mis brazos, cerré la puerta con llave y la llevé a mi cuarto. La deposité suavemente en mi cama, como si fuera tan frágil que la fuera a romper. Subí su falda con mis manos, tocando cada centímetro de sus piernas. Quite sus botas y medias dejando al desnudo unos encantadores pies. Sus ojos se encontraron con los míos para luego atreverse a tocar mi pantalón de forma sugestiva. Eso me detuvo. -¿Apago la luz?- No me importa en estos momentos a que le temo a la oscuridad. Quiero que se sienta cómoda. Ella me contestó tímidamente con su rostro de forma asertiva y una mirada fija que en definitiva me hizo perder la cordura y los miedos. Voló mi suéter, las medias y la luz fue apagada. Qué más da. La noche está tan clara. Y tengo a mi mujer en la cama. Mía, de hoy en adelante ella será solo mi gitana. Me volteo y la veo sentada en el borde de la cama. Me acerco y quito su abrigo. Mientras, la miro a los ojos. Todo es silencio. Sólo miradas. Ella se ruboriza y la beso tiernamente ante ese gesto. Nos quitamos las camisas uno al otro. Bajo con cuidado su falda hasta dejarla caer en el piso. Muero de infarto cuando veo su lencería negra. Mi color favorito. La quitó mientras acaricio despacio cada sentimiento de su cuerpo, su espalda, su cuello, sus caderas, su intimidad. Siento su corazón acelerado. Y se le escapa un suspiro casi silente que me enloquece. Quite el resto de mi ropa hasta quedar desnudo. Ella no lo haría, es muy tímida. Ambos frente a frente observándola. Su cuerpo es hermoso como una obra de arte, una escultura griega. -Me encantas, mi gitana. ¿Qué nos pasa? ¿Puedo, por favor? - La recosté lentamente sobre la cama mientras ella solo afirmaba con sus ojos y sonreía. La besé con fuerza mientras me subía en ella con sumo cuidado. Bajé hasta sus pechos y luego hasta su valle. Sentía como respondía a cada uno de mis besos y mis caricias, ya no podía detenerme. Mis dedos entraron en ella. Cual manantial estaba ella, perfecta y yo me estaba quemando. Gimió asustada. - ¿Estás bien?- - Si. - Contestó mirándome a los ojos buscando nuevamente hallar algo en mi interior y yo traté de abrir las puertas de ellos, lo juro. Me estaba quemando. La besé, me enrollé en su intimidad, logrando que se estremeciera con cada roce. Mi gitana tuvo su primer orgasmo. Y era mío. Fui a sus labios y la bese lentamente como aquel que da las gracias y pide permiso. Entre a su cuerpo lentamente. Al principio con un poco de torpeza. Pero luego, cada movimiento la hacía plañir e instintivamente apretaba mi nuca con más fuerza y me besaba con la ternura que nunca en mi vida había sentido de una mujer en mis brazos. Despeinaba mi pelo y bailaba a mi ritmo tratando de permitir el paso. La embestí instintivamente como ola embravecida. No me puedo aguantar, esta mujer me completa, toda ella. Sentí su grito y nuevamente sus ojos se abrieron, me detuve en seco. La miré asustado pero ella acarició mi pecho y tocó sutilmente mis caderas, afirmando para que continuara. La tomé, lentamente, la besé, la abordé nuevamente con deseo, mientras sentía sus ríos nuevamente. Le hice el amor como a nadie. Sentí cada rincón de su cuerpo con el mío hasta que no aguante más. Mi rostro se enrojeció. La tomé de su trenza enredándose en su nuca y sujeté sus caderas mientras me movía con fuerza dentro de ella hasta llegar al éxtasis, al paraíso. Una gota de sudor me recordó que no me pude controlar. Cerré mis ojos rogando no haber sido muy rudo. Ella me enloquece pero no quiero hacerle daño. Al abrirlos solo vi que me miraba con una tímida sonrisa y un lágrima, tapando parte de su rostro entre las sábanas. Tomé la toalla y la limpié suavemente e hice lo propio conmigo para luego recostarme a su lado. Noté una fina mancha rosada entre la funda del colchón. - Perdón. Insistí ¿Estás bien? - -Si. Mejor que en toda mi vida. Fuiste gentil. - Contestó con un brillo diferente en sus grandes ojos marrones. Mi miedo se fue cuando sentí su beso en mis labios y su rostro recostarse sobre mi pecho abrazándome como si quisiera fundirse en mi cuerpo. No dijo nada y yo tampoco. El sonido de la noche era nuestro testigo. La besé nuevamente con pasión. - Nevile, creo que tu...yo... te... - Quedate conmigo. No digas nada ahora. No la dejé terminar. Esa noche la quería a mi lado, desapareciendo mis temores. Ella asintió con una sonrisa domadora. - Te quiero mi gitana, te necesito….
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