Episodio 22: Mi polo a la Tierra (Él)
Las despedidas de año no eran importantes para mí hasta ahora. El frío en la "Gran Manzana", la sobriedad norteamericana y una familia disfuncional, que todo lo terminaba en peleas y regaños, no eran motivos para celebrar. De pequeño recordaba la Navidad en mi natal Colombia. Era muy pequeño, pero aún recuerdo el alboroto, las fiestas, el colorido y la música. Muy bacano. El campo de Las Acuarelas en Medellín, en la parte Oriental, era mi hogar. Vivía en una casita blanca, con balcón a vuelta redonda con pilares naranja, techos de aluminio y zinc. Estaba sobre una loma llena de follaje. Humilde pero limpia y hermosa. Es el mejor recuerdo de mi niñez. El lugar ideal. Recuerdo un padre amoroso pero adicto al alcohol y las drogas. Un día el no volvió más. Mi madre envuelta en el dolor de su abandono vendió la residencia y sacó nuestros papeles con la ayuda del tío Ben, quien ya hacía carrera militar en este país. Era su hermano mayor y no dudo en no dejarnos abandonados. Ha sido mi verdadero padre y el mejor ejemplo a seguir. Mi mamá pronto consiguió alojamiento con una amiga a la que le ve iba bien en New York. Dona Lucy nos recibió y hospedó durante mucho tiempo. Luego nos siguió a este estado mi tía y mi abuela. Pronto abrieron el restaurante de la familia: San Ambrosio Deli and Cousine, un restaurante de comida norteamericana con “sides” internacionales de alta calidad. Vivimos en los altos de este y tiene una posición privilegiada en el lugar.
El fin de año se celebra a toda bomba cerca y nosotros somos de los pocos privilegiados de ver la caída de la Esfera de Luces de fin de año en el Time Square Garden, de no tan lejos, sin tener que esperar en el frio por largas horas.
Pronto, con la ayuda de mi tío y de Dona Luz éste paso a ser uno de 5 estrellas. Luego lo conoció a él.... La armonía y felicidad se acabó. El Señor empezó a controlar nuestras vidas, incluso el restaurante, hasta que logró ser socio mayoritario. Trabajaba por subir el nivel de este, de eso no hay duda. La fortuna familiar creció, pero a mucho sacrificio de mi madre, tía y yo; a quienes nos tocaba la parte dura y el maltrato constante. Era y es respetado afuera por todos, pero en el hogar el infierno era evidente y él era el diablo.
Con el tiempo pasó de ser un lugar rústico pero elegante a uno más moderno, lleno de vidrieras y lujos propios de la zona. Estos atraían a clientela acaudalada que cada vez más, incluso hoy día, consume a diario en el lugar. El centro turístico y de trabajo está aquí. Los comensales empezaron a llamar a lugar "el oasis dentro de desierto del capitalismo". Claro, mi familia era y todavía es, esclava en ese desierto. El dinero no compensará nunca el maltrato. Pero mi tía y mi madre no lo entienden.
Allí en los altos de lo que fue mi centro de esclavitud por muchos años me encontraba ahora con ella, Anahís. Nos recibieron con cordialidad. Incluso él, pero aun así no perdió tiempo en sentarme y hacerme reproches. Trataba de auscultar mi vida personal y trató de enfadarme al poner en duda mi relación con Anahís y al decir que parecía que buscaba posición y estatus al estar junto a mí. Imbécil, nada más lejos de la verdad. Glock, una de mis “jevas”, se encontraba caliente en los sujetadores detrás de mi espalda. Lo dejé hablando solo antes de que mi “jeva” hablara por mí. No podía controlar mi desprecio hacia él. No tenía por qué decirle algo más o darle explicaciones. Me dolía que ese rencor algún día nos hiciera daño a mí y a Anahís pero era inevitable este reencuentro. Busqué a mi gitana quien era acaparada por el resto de la familia. Incluso mi hermano, esbozó alguna sonrisa de medio lado al conocerla. Ya ella y yo habíamos decidido no revelarles detalles de nuestra vida personal a ninguno.
Ben me saluda y me da un puño afectivo en el hombro.
-Así que esta es la chica que al fin te ha hecho sentar cabeza, campeón. -
- Si tío, Anahís es... mi polo a Tierra. -
Ella me mira sorprendida al escuchar esto de mi boca y me regala una sonrisa que me provoca comérmela a besos allí mismo.
-Benito no molestes a mi muchacho. -
- Toma mi niña, prueba este pudín que preparó mi hermana Sonia Liz, es una de nuestras especialidades.
- Después nos das nota a Ainé y a mí. Ella me ayudó. -
Dijo mi tía a mi novia mientras reía y guiñaba a mi madre. ¿Qué me has hecho Anahís?; me tienes embrujado o eres un ángel.
Tiene a mi familia comiendo de tu mano. Se ven felices. Eso calma mi ansiedad. ¿Cómo de repente, te has convertido en algo tan valioso he importante para mí?
- mmmmmm. Definitivamente es un 10 de 10. -
Dice mi golosa Anahís, mientras saborea el pudín frente a mí de forma coqueta. Ojalá y ese fuera yo. Ella me excita con cada uno de sus gestos.
- Hijo, gracias por brindarme esta alegría, no hay mayor regalo que volverte a ver después de tantos años. -
Se abalanza a mí y me abraza de forma inesperada, le correspondo instintivamente, es mi mamá y la necesito. Ren nos observa de lejos con reproche. Está frente al televisor viendo un programa de fin de año, mientras mi hermano Lucas se encontraba en uno de los balcones con una “amiga” muy acaramelado. ¿Desde cuándo creció tanto este pelado? Tomé a Anahís de la cintura e hice lo mismo en el otro balcón. Pronto serán las doce y la ciudad se iluminará de fuegos artificiales. También veremos en la distancia la bola descender. No cabe un alma más en las calles y los bares. También en los bajos donde ubica nuestro restaurante. Todo es algarabía. Ren muy disimuladamente se excusa para bajar a "supervisar" que todo vaya bien en el restaurante. Allí se trabaja sin parar. Su excusa es que no quiere un incidente que desprestigié el lugar. Todos sabemos que la realidad es que no le gusta felicitar a nadie a las doce. Ese ser carece de toda empatía y afectos.
-Me tienes loco y perdido. Quisiera estar haciéndote el amor en este instante. Quisiera ser lo último que recuerdes en tu cuerpo este año y lo primero del próximo. La abracé sin dejarla decir palabra queriendo fundirla dentro de mí y hacernos uno, así nunca la perdería. Pronuncié unas palabras que nunca pensé que salieran de mi boca muy cerca de su oído, casi como un suspiro.
-Gracias por apoyarme. Te has convertido en poco tiempo en el complemento que necesito. Sus ojasos se iluminaron y la Luna en su frente parecía brillar como en los cuentos de hada, te quiero demasiado. -
- Mi bobito, el amor se hace de mil maneras y yo lo siento en este instante. Eres lo primero y último en mi vida. No tan solo en este fin de año. Siempre te pienso y te pensaré, porque... te amo. Así de sencillo, me enamoré de tu esencia, Nevile. -
Sus labios se acercaron a los míos para fundirse en un tormentoso beso que me hizo padecer sentimientos que nunca pensé tener. Me asusté, no lo niego, me asusta no merecerla, me asusta perderla. Me asusta no poder amarla como ella lo merece. El no poderle decir te amo, aunque mi corazón lo grita desde adentro. Pero esto es mi presente y será mi futuro. ¿O no? Le amo con todas mis fuerzas y no sé cómo decírselo. Le amo tanto que me duele.
***
-10, 9,8 ,7, 6, 5 ,4, 3, 2, 1 ¡Felicidades! -
Se escuchaban los gritos en toda la ciudad y el ruido ensordecedor de los fuegos artificiales. Nos separamos y acaricié su rostro mirándola hasta llegar a su media luna en la frente, la cual besé con ternura, para luego fundirnos en un abrazo ahogado en sentimiento. La vi llorar. Es tan hermosa mi mujer. Sí, mi mujer, porque es mi complemento, mi "Polo a Tierra", un dolor con ganas que no deseo quitarme ni quiero perder.
- ¡Felicidades, amor! -
- ¡Felicidades, cielo! -
Todavía permanecíamos abrazados, el mundo se paralizó a nuestro alrededor en ese momento. Mientras, la esfera brillante hizo su bajada protagónica dejándonos sin aliento.
- ¡Es como si estuviera viendo a la Dama! ¡Mi Luna! - Ella exclamó.
- Si, demasiado especial. Hagámoslo el mejor recuerdo y un símbolo de nuestra relación. No olvidemos que cuando estemos lejos el uno del otro “La Dama” nos mantendrá unidos, aún en la distancia. Prométeme que renovaremos esta promesa ante la Luna, porque, aunque no se vea, está allí en ese cielo todos los fines de año cuando baje esta esfera. -
Anahís me miraba con lágrimas de emoción en sus ojos, sentía que mis ojos ardían, no brotaron lágrimas, simplemente no salían.
- De acuerdo, yo también lo prometo. Gracias, amor por hacerme sentir importante y amada. -
Expresó con timidez. La volví a besar con pasión y volvimos a encerrarnos en nuestro mundo. Hasta que llego la multitud familiar al balcón. Los abrazos y besos no se hicieron esperar para ambos. ¿Desde cuándo profesaban tanto amor para mí? Recibí con agrado todos sus abrazos. Anahis tomaba mi mano con fuerza, apoyándome, viendo mi ansiedad ante tanto afecto. Lucas y su amiga Marie nos felicitaron y para mi sorpresa este me dió un espaldarazo. El pequeño parásito creció y ya era todo un hombre maduro. Eso me dio paz, sinceramente. El último en felicitarnos, extendiendo su mano, con su acostumbrado rostro sombrío fue Ren, más por disimular ante Marie y Anahis, era evidente. Me sorprende que subió y no se quedó abajo celebrando hasta ahogarse de alcohol. Correspondí al saludo sin mucha importancia.
_ ¡Champagne! -, ofreció mamá, luego de salir llorosa junto a mi tía, desde el cuarto donde mi abuela estaba encamada.
- ¡Claro! - Respondimos abrasándolas y entre risas confortamos su tristeza.
- ¿Nos vamos? - Susurre en su oído mientras mordía su lóbulo.
- ¿Y ellos? - Me miró indecisa, pero con la coquetería que la caracteriza tocando mis labios con sus dedos.
- Le diremos que mañana vendremos a despedirnos. Quiero mi fiesta personal. Mejor, huyamos ahora por la cocina. - Le dije divertido.
- ¡Atrevido! Dijo sonriendo mientras tomaba su pequeña cartera de la mesilla. -