Capítulo 5.

2573 Words
Después de nuestra pequeña charla con Drew, no quise volver a tocar el tema por los próximos días. Lo hablé con Tristan y él me aconsejó que fuera a hablar con la maestra de Drew para explicarle todo el drama. Me negué, por supuesto, no me gusta ir contándole mis problemas familiares a desconocidos, pero mi mejor amigo me dijo que sólo debía hacerlo para que Drew no se vuelva a sentir incómodo en una clase. Le dije que lo iba a pensar así que, el día viernes le envié una nota a la maestra Rixon en uno de los cuadernos de Drew pidiéndole una cita y ella aceptó. El lunes tengo que estar en la escuela a las diez de la mañana. El día jueves, Drew llegó muy feliz a casa, parloteando como un loco sobre unos chicos recién egresados de Medicina que habían ido a la escuela para vacunarlos. Lo escuché con atención, viendo como sus ojos verdes brillaban al recordar a la chica que lo había vacunado a él. Dijo que tenía los ojos celestes como los míos y que hablaba sin parar, como él. Me divertí mucho esa noche hablando con Drew hasta muy tarde. Se suponía que yo debía ir a arroparlo para que se quedara dormido porque a la mañana siguiente debía ir a la escuela, pero él siempre se las ingeniaba para distraerme y no irse a dormir temprano. El sábado por la mañana mientras yo trabajaba, Tristan me llamó para decirme que irían al cine con Drew a ver la última película de La Era del Hielo y que después irían al parque a tomar unas malteadas o eso fue lo que entendí. Ahora, tanto Drew como yo nos encontramos en casa de Tristan. Mi mejor amigo tenía la intención de hacer una pequeña reunión en su casa con nuestros amigos más cercanos, pero le dije que no lo hiciera. No me gustaba hacer reuniones (fiestas para los demás vecinos) y que Drew estuviera despierto. Una vez, cuando hice una fiesta en casa, encontré a unas chicas —que yo no había invitado— en la habitación de mi hijo, pintándole el rostro con maquillaje. Demás está decir que las eché de mi casa con una patada en el culo y la fiesta se acabó en ese preciso instante. Una cosa es que yo organice reuniones en mi casa, pero otra muy diferente es que ellas hagan una fiesta privada donde se burlan de mi hijo. —Ten. Parpadeo, ahuyentando los pensamientos que rondan en mi cabeza y recibo la cerveza que me tiende Tristan. Él se sienta a mi lado y ambos miramos a través del pasillo donde se encuentra Drew, dibujando y mirando las caricaturas. —¿En qué piensas? Bebo un sorbo y seco los restos de cerveza que quedan en mis labios con el dorso de mi mano. —En nada en especial. —respondo en voz baja— El lunes tengo que ir a la escuela para hablar con la maestra de Drew. El problema es que mi turno en el trabajo es en la mañana también. Él se queda en silencio —Yo puedo cubrir tu turno si quieres. Podemos intercambiar sólo por ese día. —¿Realmente harías eso? —Síp —mueve su cabeza de manera graciosa—. Me gusta trabajar en la mañana. Así puedo dormir toda la tarde. Me quedo en silencio sin saber qué decir. Mis ojos no se apartan en ningún momento de mi hijo. —¿Qué harás con el tema de los padres de Alice? La mención de esas personas hace que se me revuelva el estómago. No los he visto durante muchos años. Suelto un largo suspiro y miro a mi amigo de reojo, sin querer demostrar la preocupación que siento. —No lo sé. Me gustaría hablarlo primero con la maestra, ¿sabes? Por el rabillo del ojo, veo que él me mira con el entrecejo fruncido. —¿Por qué? —Supongo que... si ella cree que es necesario que Drew mantenga contacto con ellos, yo podría hacer algo al respecto. No sé... —mis hombros caen, me siento desganado—. Drew adora a esa mujer, supongo que su opinión podría orientarme un poco. —Nick... —Tristan coloca su mano en mi hombro y yo lo miro, atento a sus palabras—, no dejes que tu conciencia te llene de remordimiento, amigo. Has hecho un buen trabajo criando solo a Drew. Ellos no son necesarios en la vida de tu hijo. —Pero, quizás, a Alice le hubiera gustado... —Pero Alice no está, hermano. Ella murió hace cuatro años, Nick. El recuerdo de Alice me llena de amargura. Y sólo tengo que pensar en su nombre y cerrar los ojos para que todo se recree en mi mente, como si su muerte hubiera sido reciente. El día en que Alice murió, yo había llevado a Drew a la casa de mis padres. Era día miércoles y ella acababa de entrar a un restaurante para almorzar con una de sus amigas. Un hijo de puta había comenzado a disparar a través de los vidrios y una de las balas perforó el pulmón derecho de Alice. Tal vez, ella se habría salvado si la ambulancia hubiera demorado menos tiempo en llegar. Ella murió desangrada y yo no pude despedirme ni decirle cuánto la amaba. Recuerdo que, cuando quise entrar al hospital para verla, su padre me gritó que la muerte de su hija había sido mi culpa. Las personas que estaban a nuestro alrededor comenzaron a murmurar, pero yo no podía tomarlas en cuenta o aclarar todo lo que él estaba diciendo. Estaba demasiado destrozado como para contradecir al padre de la mujer que más había amado. Fue difícil para mí ver el cuerpo de Alice sobre una camilla en la morgue. Fue difícil porque ella estaba ahí, frente a mí. Su piel ya no era blanca sino amarillenta. Sus labios resecos, su cabello opaco. Sus párpados nunca se alzaron, aunque yo le rogué que lo hiciera. El sonido de su voz quedó grabado en el interior de mi mente y, ahora, cuatro años después, es sólo un recuerdo vago. Pero, si cierro mis ojos y me concentro, logro verla en el interior de mi mente. El problema es que no puedo abrazarla, ni besarla, ni decirle cuánto la amo y me hace falta. Después de su funeral, mi vida se convirtió en una agonía. Tuve que explicarle a Drew que su madre se había ido a un lugar mucho mejor, pero que ella seguía amándolo por sobre todas las cosas y que, desde ese momento, sólo seríamos él y yo. Fue duro explicarle a un niño de dos años que su madre había muerto. Fue duro decirle que nunca más iba a poder verla. Intenté no hundirme en la mierda y nadé con las pocas fuerzas que me quedaban hasta la superficie porque había alguien que me necesitaba. Yo no podía arruinar su vida, así como aquel hijo de puta arruinó la mía. Drew merecía salir adelante. Drew merecía una vida feliz, aunque yo estuviera podrido por dentro. —Lo sé. —respondo. Un sabor amargo se instala en el inicio de mi garganta y no es por culpa de la cerveza. El recuerdo de la muerte de Alice me hace revivir sentimientos que mantengo muy bien ocultos. Me coloco de pie y dejo la botella de cerveza sobre la mesa. Tomo la chaqueta que está sobre el respaldo del sofá y la paso por mis brazos antes de abrocharla. Tristan me mira desde abajo, confundido. De pronto, hace una mueca que claramente significa una disculpa y la comisura de mis labios se curvan hacia arriba para darle a entender que no tiene de qué preocuparse. —¿A dónde vas? —inquiere Tristan, colocándose de pie. —Me voy a casa. Intento pasar por su lado, pero él me detiene por el brazo. —Lo siento, Nick—susurra—. No quise sonar rudo. —Lo sé, Tris—golpeo amigablemente su brazo y me libero de su agarre—. No hay nada de qué preocuparse. Es sólo que estoy un poco cansado y necesito dormir. —¿Seguro? —Claro. Él no cree mucho en mis palabras, pero no me detiene cuando paso por su lado. Voy a buscar a Drew y después de un pequeño berrinche de su padre, logro colocarle la chaqueta y la bufanda alrededor del cuello. Se despide de mala gana de su tío T y yo camino directo hasta la puerta. —¿Te veo mañana? —me pregunta Tristan desde la sala. —Por supuesto. —es lo único que digo antes de salir de su casa. * Es lunes y me encuentro sentado en un incómodo pupitre esperando a que la maestra de Drew regrese. He llegado puntual a la reunión y ella se ha disculpado cuando uno de los niños vino a buscarla diciendo que se había formado una pequeña pelea. Antes de venir aquí, intenté ordenar bien mis ideas y crear un monólogo. Todo tenía sentido en mi cabeza cuando estaba desayunando junto a mi hijo, pero ahora suena descabellado. Ayer, me pasé todo el día pensando que quizás lo que me hacía falta era un poco de opinión y orientación femenina. Y se supone que nosotros, los padres, debemos confiar en los maestros de nuestros hijos, ¿no? Además, me he dado cuenta que Drew quiere mucho a su maestra y, bueno, supongo que ella también lo quiere. La puerta se abre y la señorita Rixon ingresa y me regala una pequeña sonrisa. —Lo siento —dice y se acerca al escritorio. Por un momento pienso que ella tomará asiento, pero se queda ahí, de pie, afirmada a un costado del mueble. —No se preocupe... —Cassandra —me interrumpe y pasa un mechón de su cabello detrás de su oreja—. Mi nombre es Cassandra. Aprieto los labios —Yo soy Nick. Nicolai —Lo sé —dice sonriendo—. Drew me lo ha dicho. Asiento, mirándola detenidamente. Esta vez, su cabello va completamente suelto y enmarca perfectamente su pequeño rostro. Tiene los ojos negros y la nariz pequeña. Es morena, pero sin exagerar y su sonrisa es mona. —Muy bien... —ella se aclara la garganta, cortando el silencio que nos había envuelto por un segundo—. He leído la nota que me envió con Drew y me gustaría saber qué es lo que tiene que decirme. No quiero sonar descortés, pero tengo una clase en quince minutos y... —Entiendo —la corto y relamo mis labios—. No se preocupe, seré lo más breve posible. Después de que usted me dijera que Drew había estado actuando un poco extraño, yo hablé con él. —¿En serio? —cuestiona, alzando las cejas. —Sí. Él me dijo que estaban viendo el árbol genealógico en clases de francés y que la maestra le había hecho una pregunta que él no supo cómo responder. Ella ladea la cabeza, notablemente confundida —¿A qué pregunta se refiere? Mierda, no podré explicarle bien si no le cuento parte de la verdad. —La maestra de francés le preguntó a Drew sobre los padres de su madre y mi hijo no mantiene ningún contacto con ellos. —¿Me está diciendo que Drew no vive con su madre? —No. La madre de Drew murió cuando él tenía dos años. Su rostro palidece —Lo siento, yo no sabía... —No tenía por qué saberlo. En fin —suspiro, dando por terminado el tema de Alice—, he venido a hablar con usted porque me gustaría que hablara con la maestra de francés y le pidiera por favor que deje de incomodar a mi hijo con esas preguntas personales. Ella asiente, percatándose de mi incomodidad. El asunto es que, sus ojos brillan por la curiosidad de indagar mucho más de lo que ya le he contado. Con la única persona que he hablado sobre Alice después de su muerte es con Tristan. Ni siquiera lo he hecho con mis padres. Me incómoda recordar mi pasado porque me llena de amargura y rabia pensar que un enfermo maníaco mató a personas inocentes, entre ellas, a la mujer que amaba. —No se preocupe, señor Anderson —dice finalmente la maestra—. Yo misma me voy a encargar de hablar con los maestros para que no vuelvan a hacer ese tipo de preguntas. Me disculpo en nombre de la señorita Oxborng. Asiento, aunque la idea de que ella hable de mi —nuestro— pasado me horroriza. Me coloco de pie y seco el sudor de mis manos en mis pantalones. Ella entiende el mensaje y camina hasta la puerta, guiándome. Cuando estoy a punto de salir, su mano se aferra a mi antebrazo. Frunzo el ceño y miro su extremidad antes de mirarla a ella. —Lo siento —se disculpa—, por lo que le dije el otro día. Yo no tenía derecho en decirle que no conocía a Drew. —Está bien. Yo habría dicho lo mismo si hubiera estado en su lugar. Gracias por su tiempo. Intento salir del salón de clases, pero su voz me detiene. No quiero girarme y mirarla a los ojos. No quiero que ella siga indagando más en mi pasado porque recordar a Alice me duele. —¿Puedo darle un consejo? Mis puños tiemblan apretados a cada lado de mi cuerpo. Giro la cabeza para que ella se dé cuenta que sí la estoy escuchando. —No cometa los mismos errores que los abuelos de Drew cometieron porque él no tiene la culpa. A pesar de todo, ellos siguen siendo sus abuelos. —¿Qué quiere decir con eso? —le pregunto una vez que volví mi mirada al frente— Ellos querían quitarme a mi hijo cuando su madre murió. —Dele una oportunidad a Drew de conocer a sus abuelos. —aconseja— No lo prive de esa oportunidad. Aproveche esta oportunidad que le ha dado la señorita Oxborng y úsela como excusa. Piense si a la madre de Drew le hubiera gustado que sus padres formaran parte de la vida de su hijo. Trago saliva con dificultad y salgo del aula de clases sin darle otra oportunidad a Cassandra Rixon de agregar algo más. Camino rápidamente hasta la salida y no soy capaz de respirar con normalidad hasta que estoy dentro de mi coche con la cabeza afirmada en el volante. Cierro los ojos y respiro profundo, pensando en las palabras que la maestra de Drew me ha dicho. ¿Realmente a Alice le hubiera gustado que sus padres formaran parte de la vida de Drew? Su relación con ellos siempre fue buena, pero tuve que aparecer yo para que todo eso cambiara. ¿Y si ellos siguen con la idea de querer arrebatarme a mi hijo? «Nunca lo sabrás si no lo intentas...» Golpeo el volante con fuerza y saco el teléfono de mi bolsillo. Mierda, ¡ni siquiera sé qué estoy haciendo! Busco entre mis contactos los últimos nombres, aquellos que pensé nunca más volver a marcar. Pero, aquí estoy. En mi coche, fuera del colegio de mi hijo. A punto de llamar a mi antiguo suegro.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD