—No quiero ir, papá... Miro a Drew de soslayo y me doy cuenta que él me está mirando de forma afligida. Cambio de carril y detengo el coche en un lugar establecido listo para saber qué es lo que le está inquietando a mi hijo. No detengo el motor y lo miro, percatándome en el miedo que se refleja en sus ojos. Ambos estamos de camino a la casa de Jonathan Bruce y desde que Drew se montó en el coche se había mantenido en silencio. Se removía sobre el asiento una y otra vez, nervioso. Ayer, no fui capaz de decirle que hoy vendríamos a conocer a su abuelo, así que, lo hice cuando lo estaba arropando para que durmiera. Él me miró boquiabierto, pero no dijo nada. —¿Por qué? —inquiero, inclinándome un poco hacia adelante para oír su voz que escapa en susurros de su boca. El ruido de los demás c

